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Con atrocidades, Siria ilustra las desilusiones de la ‘primavera arabe’

El 14 de enero de 2011, una multitud clamaba en las calles de Túnez contra el régimen del presidente Zine El Abidine Ben Ali. Fue el epicentro de un sismo geopolítico que cambió el mundo árabe.
Ese día, después de 23 años en el poder, Ben Ali huyó con destino a Arabia Saudita, convirtiéndose en el primer dirigente de un país árabe en dejar el poder por la presión de las revueltas. Después de su caída, también lo harían los regímenes de Hosni Mubarak en Egipto y de Muamar Gadafi en Libia. Cinco años más tarde, Túnez es considerado un sobreviviente de la ‘primavera árabe’, ya que pese a la violencia y el asesinato de opositores, puede jactarse de haber gestado una transición a la democracia.
En Siria, el presidente Bachar al Asad ha reprimido duramente las protestas antigubernamentales, generando una revuelta que se convirtió en guerra civil con un balance de 260.000 muertos y millones de desplazados.
Este conflicto interno, aprovechado por los yihadistas del Estado Islámico (EI) para implantarse en Siria, ilustra con crueldad las desilusiones de la ‘primavera árabe’. AFP