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Atacara EE.UU. a Corea del Norte
Donald Trump está perdiendo la paciencia con Corea del Norte. Con encendidas palabras advirtió hace poco que si Pyonyang vuelve a amenazar con atacar a Estados Unidos, habrá respuesta, con “fuego y furia como el mundo nunca ha visto”. Trump debe comprender que nunca hubo tanto en juego para la península coreana y para la relación de EE. UU. con China. Las últimas dos pruebas norcoreanas de misiles balísticos intercontinentales hacen pensar que el país ya cuenta con capacidad para golpear el territorio continental de EE. UU. La Agencia de Inteligencia para la Defensa estadounidense concluyó que es muy probable que Corea del Norte ya haya desarrollado una ojiva nuclear miniaturizada que cabría en uno de esos misiles. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas acaba de aprobar por unanimidad las sanciones más duras que se hayan aplicado a Corea del Norte, para que renuncie a su programa de armas nucleares. La resolución prohíbe las exportaciones norcoreanas de carbón, hierro, mineral de hierro, plomo, mineral de plomo y productos pesqueros, que en conjunto equivalen a un tercio de los escasos 3.000 millones de dólares que ingresa el país cada año. También prohíbe la entrega de nuevos permisos de trabajo a norcoreanos en el extranjero, cuyos salarios (según se sospecha) ayudan a financiar el programa nuclear y misilístico. Pero hasta ahora, las sanciones no parecen haber tenido el efecto deseado. Corea del Norte amenazó con vengarse “mil veces” de EE. UU., lo que incluye atacar el territorio estadounidense de Guam en el Pacífico occidental, y reiteró la promesa de no entregar nunca su arsenal nuclear. La diplomacia estadounidense ha estado muy activa tratando de sumar presión sobre Pyonyang con más aislamiento internacional. Además, el Departamento de Defensa ya anunció que el presidente del Estado Mayor Conjunto, Joseph Dunford, y el jefe del Comando del Pacífico, Harry Harris, hablaron con el más alto mando del ejército surcoreano, general Lee Sun-jin, para analizar alternativas de respuesta militar a un eventual ataque norcoreano. Además, las fuerzas estadounidense, japonesa y surcoreana realizaron varios ejercicios conjuntos con bombarderos B-1B y otros recursos estratégicos. El mensaje es claro: si hubiera que pelear, EE. UU. está listo. Lo mejor para el mundo sigue siendo evitar esa pelea, algo que hasta la impetuosa administración Trump parece reconocer. Pero para eso hará falta colaboración de China, y el gobierno de Trump hizo todo lo posible por ponérsela en contra. Por ser su principal socio comercial, China tiene mucho poder sobre Corea del Norte. Basta que deje de importarle carbón (a lo que está obligada conforme a la resolución del Consejo de Seguridad), pero tiene serias reservas sobre la política estadounidense hacia Corea del Norte porque afectaría su propia seguridad. Además, la Ley de Autorización de la Defensa Nacional para 2018, aprobada por la Cámara de Representantes de EE. UU. el mes pasado, exhortó al gobierno a fortalecer vínculos militares con Taiwán, incluido el uso de puertos taiwaneses por buques de la Armada de estadounidense. Corea del Norte enfrenta a EE. UU. a una “crisis de los misiles cubanos en cámara lenta”. La analogía es buena, pero tiene un error: la situación ya no tiene nada de lenta.