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Asumir el desempleo
Cuando es innegable la crisis económica que afecta al Ecuador, no cabe seguir en discusiones que ni siquiera podrían denominarse bizantinas, dado que se la puede probar observando diverso tipo de indicadores, que no destruyen ni invalidan la argumentación en contrario.
Uno de ellos, cada vez más notable, es el desempleo que, pareciera, ha dado lugar a una voluntad de corregir comportamientos asumiendo la inutilidad de los hasta ahora mantenidos. Reconocerlo es grato pues abona en una dirección deseable que se presumía archivada, la de que gobernar es rectificar. Permite también destacar que el aferramiento insensato a ciertas maneras de entender los fenómenos económicos, tiñéndolos de ideología, no es lo más aconsejable para superar circunstancias que no dependen de la voluntad de quienes conducen la economía nacional, pues sobre estos no se puede ejercer grado alguno de gobernabilidad.
Que el ministro León acabe de reconocer que para impulsar el desarrollo del país se requiere contar con el esfuerzo del sector privado es un hecho digno de ser relievado. Un desarrollo sustentado solo en el esfuerzo del sector denominado público, peor todavía si este es únicamente concebido como el esfuerzo estatal, puede tener relativa viabilidad en tiempos de bonanza en los ingresos fiscales pero entra en crisis, tal cual ocurre ahora, apenas se produce una disminución de dichos ingresos, peor todavía si en razón de otras equívocas visiones se decidió no ahorrar ni siquiera cuando los ingresos superaron lo presupuestado.
Así, buscar ahora la creación de más de 250.000 empleos nuevos, contando para ello con el aporte de los empresarios interesados, revela una visión realista que asume la existencia del desempleo como un problema prioritario a ser atendido, con estrategias que nunca debieron dejarse de lado y que se resumen en el denominado triángulo de Sábato: la relación entre el Estado, la academia y los empresarios en esfuerzo coordinado, no exclusivamente en función del desarrollo tecnológico.
En efecto, cualquiera sea el sector priorizado en función de las ventajas competitivas del país de que se trate, siempre será visible la vigencia de la acción de los actores del mencionado triángulo, elaborado por el pensador argentino a partir de propuestas del economista John K. Galbraith.