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Diario Expreso Ecuador

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Assange, el derecho a la verdad

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El 19 de junio de 2012, el periodista australiano Julian Assange, fundador de WikiLeaks, se presentó y solicitó asilo diplomático en la Embajada de Ecuador en Londres, luego de que la justicia sueca abriera un proceso penal en su contra, acusándolo de delitos sexuales. El proceso contra Assange se inició después de que en 2010 hiciera públicos, a través del portal WikiLeaks, miles de documentos secretos, mensajes militares y cables diplomáticos que evidenciaron un sistemático espionaje mundial efectuado por los EE.UU., que develó su intervencionismo en todos los países del mundo y su vinculación con la oposición en los países progresistas de América Latina, como observara el español Fernando Casado, catedrático del Instituto de Altos Estudios Nacionales. Él destacó por otra parte el hecho de que “el Ecuador, de una forma inesperada, dentro del corazón de Londres, se atreve, en una posición de dignidad, a dar asilo político a Assange y a no ceder frente a las presiones de estos grandes poderes: Unión Europea, Reino Unido y Estados Unidos”. De allí también la razón por la cual se teme que Suecia lo extradite hacia la potencia norteamericana, que evidentemente está tras este burdo montaje judicial contra quien ha expuesto en forma tan frontal y contundente la política norteamericana dominada por la visión guerrerista del Pentágono, que podría condenarlo incluso a cadena perpetua o a pena de muerte, por haber mostrado al mundo en qué hornos se cuece la democracia en la potencia hegemónica y que el derecho a decir la verdad tiene un costo muy alto cuando perjudica a un país que por sí y ante sí se ha erigido como el Gran Hermano y el gran inquisidor contra todo lo que estime que perjudique a sus intereses.

Y ese costo para Assange, calificado como un “cyber guerrero”, ha sido y sigue siendo en el caso de nuestra Embajada en Londres, el tener que vivir y continuar viviendo en una pequeña habitación dividida en una oficina y una sala de estar, que con humor compara a vivir en una estación espacial.

En la democracia líder del mundo occidental, el derecho a decir la verdad puede tener un costo a veces demasiado alto.

colaboradores@granasa.com.ec

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