El ascenso de la marea ultra

  Actualidad

El ascenso de la marea ultra

Parece que desde el triunfo de Trump en EE. UU., gracias al arcaico sistema del “caucus” y no por los votos emitidos por los ciudadanos; y de Iván Duque en Colombia, como representantes de la ultraderecha, no sorprende -pero asusta- en la región el apabullante triunfo en primera vuelta, de Jair Bolsonaro en Brasil, del pequeño partido Liberal Social, con 46 % de los votos válidos y con experiencia política de 27 años en el Congreso. Este controvertido exmilitar paracaidista ha sido definido por la prensa como un político autoritario, racista, machista, homófobo, admirador de la sanguinaria dictadura militar de 1963-1985, defensor a ultranza del uso de armas de fuego, entre otras cualidades personales.

Decía el polémico y experto golpista Henry Kissinger, ex-Secretario de Estado y Asesor de Seguridad Nacional del gobierno de Richard Nixon, que “a dónde va Brasil va América Latina”. Posiblemente no, y lo confirma Perú, donde los partidos políticos se unieron en el “ballotage” para cerrarle el paso a Keiko Fujimori, seguidora acérrima de su papá, y ganadora de la primera vuelta, para darle un apretado triunfo a PPK, ahora destituido por corrupción y por negociar la libertad de Alberto Fujimori. Pero... ¿se reproducirá esta tendencia en Brasil? Los analistas brasileños están pesimistas al respecto, creen que es difícil revertirla. ¿Por qué? El ultra Bolsonaro ha crecido en un escenario enrarecido, según la antropóloga Lilia Schwarcz, profesora de la Universidad de Sao Paulo, por las manifestaciones sociales del 2013, de izquierda y derecha, que reclamaban por la inoperatividad del Partido de los Trabajadores -PT- y su inocultable corrupción, la recesión desde 2014, la destitución ilegal de la presidenta Dilma Rousseff en 2016, y el caso Petrobras y la operación Lava Jato, que demostraron que la corrupción se extendía a toda la clase política en maridaje con la gran empresa privada. Además, Brasil es el país no africano más desigual del mundo, lo que ha hecho que un electorado hastiado vote por un candidato militarista, autoritario, anti-PT, antisistema y que ofrece mano dura contra la corrupción y criminalidad.