Trabajoso. Ángel Daza mueve la paila para dar textura a la cocada. Es una tarea que inicia muy de mañana.

El arte de hacer cocadas

Tres hornos, llamados comúnmente en Esmeraldas fogones, se encienden cuando las primeras luces del día empiezan a alumbrar el verde panorama del paisaje, en el kilómetro 15 de la carretera hacia Atacames.

Tres hornos, llamados comúnmente en Esmeraldas fogones, se encienden cuando las primeras luces del día empiezan a alumbrar el verde panorama del paisaje, en el kilómetro 15 de la carretera hacia Atacames.

Las manos diestras de Ángel Daza y su esposa Aidé Muñoz convierten 700 cocos frescos recientemente llegados desde la zona norte de la provincia, en un exquisito manjar que es apetecido por los turistas que llegan a visitar los balnearios esmeraldeños.

Con un machete, Aidé parte los cocos para extraerles el agua y quitarles la pulpa. El proceso parece muy fácil, pero es extenuante. Los otros integrantes de la familia se apresuran a encender los fogones y colocar sobre ellos pailas fabricadas con bronce, en las cuales se cocina el coco rallado.

“No solo es cocinar el coco, pues se le agrega azúcar, canela, panela, agua de coco y un ingrediente muy especial que solo en Esmeraldas lo conocemos y que le da ese toque exquisito a nuestra deliciosa cocada”, detalla Ángel Daza.

El calor sofocante de la mañana esmeraldeña no detiene a Daza y sus hijos, que usando canaletes de madera mueven al manjar hasta que este obtiene un color café oscuro y desprende un aroma que se percibe a muchos metros.

Los primeros carros con turistas que llegan desde Quito con dirección a Atacames detienen su marcha. Sus ocupantes se bajan allí para comprar el manjar. “Nos encanta, huele delicioso y sabe como nunca”, dice sonriente Martha Soledispa, una turista quiteña que el domingo en la mañana fue la primera persona en comprar las cocadas.

El lugar es la ‘fábrica’ y a su vez el almacén donde se venden las cocadas al por mayor y menor. En total, 10 personas trabajan de manera artesanal para dar forma al producto que luego es colocado en empaques para su venta.

Aunque lo tradicional es la cocada en Esmeraldas, en estos mismos lugares se elaboran otros productos para aprovechar al máximo la materia prima que es el coco. Por ejemplo, Orley Cevallos trabaja en uno de los fogones y prepara chicharrón de coco.

“Esto lo hacemos con las partes del coco que no usamos en las cocadas. Colocamos la pulpa en esta paila de bronce y la cocinamos en la misma agua del coco, le agregamos los ingredientes y el producto está listo luego de 45 minutos de estar a fuego lento. Siempre hay que moverlo para que no se queme”, asegura. (F)