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El arte de hacer adornos con frutos malogrados

La naturaleza les brinda y presenta una serie de recursos que con algo de iniciativa, creatividad y talento es aprovechada para hacer obras de arte que agraden el sentido de las personas.

Exposición. Las frutas dañadas convertidas en adornos para los hogares manabitas, son exhibidas en ferias.

La naturaleza les brinda y presenta una serie de recursos que con algo de iniciativa, creatividad y talento es aprovechada para hacer obras de arte que agraden el sentido de las personas.

Eumeny Candelario Álava Párraga, de 75 años, es el creador de una técnica de transformar el fruto malogrado en hermosos adornos y llaveros sin que estos pierdan sus formas y origen.

“Es también una forma de reciclar, porque las frutas se pudren. Hay frutos que se pasman, como decimos los montuvios”, señala Candelario.

Él es un excatedrático universitario, historiador y artesano oriundo de Calceta, a quien hace dos años su imaginación lo llevó a rescatar los frutos desechados, aquellos que la naturaleza no logró desarrollarlos con normalidad. No sirven como abono y se los logra conservar mediante un proceso.

Para su trabajo emplea cacao, guanábana, guayaba, papaya, anona y otros. Estos productos son transformados en auténticos y brillantes adornos que después han pasado a ser parte de la decoración interior de muchas viviendas.

Los precios de estas artesanías ecológicas van desde $ 1,50 y algunas pueden llegar a costar $ 300. “El tiempo en su confección demora entre 48 horas y un mes”, indicó Santiago Ganchoso, otro artesano experto en elaborar estas artesanías.

“Este material tiene más de 60 años de vital útil, porque antes de la confección es sometido a un químico que permite conservarlo todo ese tiempo”, explica.

Estos artesanos tienen su taller ecológico en Calceta, en la ciudadela San José, ubicada en la vía a Tosagua.