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Apocalipsis 3:16
El 23 de enero pasado, cuando el pueblo venezolano se aprestaba al día siguiente a iniciar una multitudinaria jornada de protestas, la Conferencia Episcopal de ese país emitió un valiente comunicado, que en algunas de sus líneas rezó: las marchas organizadas para este miércoles significan un signo de esperanza, algo nuevo está comenzando a generarse en nuestro país”. Pero los clérigos fueron más allá cuando en el mismo comunicado expresaron que “no podemos ser simples espectadores de lo que sucede en el país, pues somos ciudadanos y, como tales, actores de primer orden”. Estas palabras significan un mensaje claro de quienes han estado viviendo junto al pueblo las atrocidades del régimen.
Frente a la posición de la Iglesia católica venezolana, las declaraciones más cercanas del Papa sobre la situación en ese país tuvieron lugar en el vuelo de regreso de Panamá a Roma. Cuando se le preguntó si respaldaría a Juan Guaidó como presidente interino, su respuesta fue que “sería una imprudencia pastoral y haría daño ponerse de la parte de unos países o de otros”. En este punto parece que ha quedado clara la posición de Su Santidad, pues su interpretación de la realidad venezolana sería la de una lucha internacional por el país, en lugar de la búsqueda desesperada de más del 80 % de la población (según encuestas respetadas) por una transición que les ofrezca libertad. Tal parecería que los cientos de miles de personas en las calles, la migración de millones, el hambre, la inseguridad, la muerte, la ausencia de elecciones libres, y el pisoteo de elementales derechos humanos, se resume en si tomar o no partido en una lucha de poderes internacionales. Es creciente el número de voces descontentas en todo el mundo, y este cálculo del equilibrio político para no ofender a la extrema izquierda le pasará factura a la Iglesia, y se seguirá sumando como un motivo más del desencanto que está vaciando templos. ¿Qué otra cosa tiene que pasar para que el Vaticano se convenza de que Venezuela es víctima de una sangrienta dictadura manejada y exprimida por Cuba; cuántos jóvenes muertos más?