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Los aniversarios quedaron atras

Con mucho entusiasmo, 2018 fue anunciado como un año de conmemoración de aniversarios que han marcado de una u otra forma nuestra memoria. Estas conmemoraciones callan, sin embargo, el problemático futuro de aquello que se celebra e incluso, su mismo fracaso. Es el caso más importante de todos: el de los cien años de la finalización de la I Guerra Mundial. El silencio de las armas en todos los frentes no fue seguido por una etapa de paz constructiva ni por una vuelta a una conciencia no beligerante. Lo que se gestó en los años siguientes fue lo que Ingmar Bergman llamó “el huevo de la serpiente”: el estallido de los brutales extremismos del fascismo y del estalinismo permitidos por una conciencia democrática europea, débil y trastabillante, víctima de sus dudas y pasiones, como la mostró Alberto Moravia en su novela El Conformista.

Todos aquellos vinculados al mundo universitario conmemoraron con devoción los cien años del Manifiesto de Córdoba. Celebración engañosa, sobre todo si se pretende, ingenua o demagógicamente, querer aplicar a rajatabla, principios tales como el cogobierno a nuestras instituciones, olvidando la brecha histórica que nos separa. Lo que Córdoba planteó en su momento fue una propuesta de ‘management’: en una institución todos deben de alguna manera tomar parte de las decisiones. Pero esa propuesta de gobierno, que no tiene nada que ver con el presente, terminó convirtiendo a los consejos universitarios en parlamentos donde cada representante negocia a nombre de sus supuestos representados resoluciones, sin entender a la institución como conjunto. Por lo demás, hoy no requerimos un cambio de ‘management’, sino entender la nueva condición del ser humano como viviente simbólico en un mundo de dispositivos.

Mayo del 68 inauguró las guerrillas culturales, fragmentó a la cultura occidental. ¿La ha puesto en un estado de “sumisión” frente a otras culturas, como anunciaba la novela de Michel Houellebecq? “A lo que ustedes aspiran como revolucionarios es un amo. Y lo tendrán”, advirtió Lacan a los jóvenes revolucionarios en aquellas jornadas.