
Un aniversario ayudando en Esmeraldas y Manabi
El temblor de 7,8 grados que azotó a Ecuador el 16 de abril dejó en medio de los escombros de edificaciones caídas y pérdidas humanas, un resultado positivo: un país que se volcó a ayudar, que se unió para colaborar con lo que pudo.
El temblor de 7,8 grados que azotó a Ecuador el 16 de abril dejó en medio de los escombros de edificaciones caídas y pérdidas humanas, un resultado positivo: un país que se volcó a ayudar, que se unió para colaborar con lo que pudo.
Hubo voluntarios que acudieron a las zonas devastadas. Cientos que llevaron agua y raciones de alimentos. Brazos que cobijaron, oídos que escucharon y palabras que sirvieron de aliento.
El equipo humanitario de la Cruz Roja Ecuatoriana fue uno de los tantos que llegó a dar soporte en medio de la tragedia. Voluntarios que luego de pasar el susto en sus hogares se reportaron con sus grupos de trabajo, esperaron la convocatoria, alistaron sus mochilas y partieron; dejando madres, hermanos, familiares, que aunque preocupados sabían que con ellos, allá donde fue el epicentro del movimiento telúrico que dejó al menos 655 muertos, llegaría gente preparada y dispuesta a colaborar.
Con un contingente humano de 991 voluntarios, la Cruz Roja se hizo presente en la zona cero, y en otros lugares donde desplegaron sus labores técnicas y humanitarias.
Según un reporte de la institución -que cumplió 106 años de fundación- se informó que después del terremoto se dio atención prehospitalaria a 2.422 personas; 2.547 personas recibieron atención primaria de la salud, mientras que 1.021 adultos y 531 niños tuvieron atención psicológica.
Los datos son arrojados al 24 de abril pasado; sin embargo, el trabajo en las zonas devastadas continúa y se calcula que al menos duren un año.
Las labores fueron coordinadas por el personal de acuerdo a los lineamientos que adapta la institución y esta era la oportunidad de aplicarlos.
El trabajo en Manabí y Esmeraldas -las provincias más afectadas- se desplegó en varias áreas: búsqueda y rescate, evaluación de daños y análisis de necesidades, restablecimiento de contactos familiares, promoción y prevención de salud, y la logística para movilizar al personal y los recursos.
Las labores fueron aceptadas por los voluntarios sin importar horarios ni esfuerzo. Diario EXPRESO contactó a cuatro jóvenes que estuvieron frente a frente con el dolor de las familias que lo perdieron todo y cuentan su experiencia en la zona cero.