El aliso, arbol insigne del pueblo de Oyacachi

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El aliso, arbol insigne del pueblo de Oyacachi

El arbusto ha sido ancestralmente su materia prima para trabajar. Los kichwas elaboraban utensilios a cambio de productos.

Oyacachi es una parroquia habitada por 700 personas. Los moradores se regresaban con 10 y hasta 20 quintales de productos agrícolas que duraban todo el año.

Los bosques del árbol preferido por los indígenas de Oyacachi, Napo, adornan la comunidad. La mirada se pierde en el horizonte, con los copos verdes que forman una especie de telaraña, la que da un contraste de tono blanco.

Desde el ingreso a la parroquia más fría de la región amazónica se observan las hileras del aliso (Alnus acuminata) uno de los árboles más utilizado y hasta venerado de la parroquia que pertenece al cantón El Chaco.

La principal actividad es la artesanía y lo hacen desde hace más de 500 años que tiene de existencia el poblado habitado por los oyacachi.

Héctor Parión, dirigente del poblado, recuerda que antes de la llegada de los españoles, los indígenas se encargaban de elaborar utensilios en madera como vishas (cucharas), bateas, bandejas, asientos y huallmos (herramienta agrícola), para después intercambiarlos en Cayambe con productos agrícolas.

Por esos años, antes de la tala pedían permiso a la Pachamama y agradecían por ofrecerles el árbol que les daba el principal sustento. Ese ritual no se ha perdido y ahora el compromiso es reforestar para sanar las heridas de la “Madre Tierra”.

Gerardo Parión, artesano, utilizó la madera para la construcción de cinco cabañas con capacidad de 46 personas. Asegura que el árbol es una madera muy buena con las que prácticamente realizan todo. “Con esta madera tenemos cobijo y también el sustento de vida”, aseguró.

Gerardo recuerda que antes de la conquista, los primeros pobladores fueron de la cultura Cosanga que estuvieron por el año 1600 antes de la Era Cristiana, eran hábiles artesanos.

Los cosangas habitaron entre los límites de la Sierra y Amazonía, realizaban ritos especiales a la hora de elaborar las artesanías y la siembra; conocimientos y actividades que se han transmitido de generación a generación.

“Nosotros somos artesanos desde los ancestros. Nuestra forma de vida dependía de líderes de la comunidad quienes orientaban para que los niños desde los 12 años ya se direccionen a alguna actividad, en especial de la artesanía”, dijo Héctor Parión.

La actividad se practica muy poco en la actualidad, pero antaño el trueque era el principal medio de comercialización que existía entre los pueblos precolombinos, explica Micael Parión.

Recuerda lo que siempre le cuenta su abuelita de 106 años, que se tallaba el aliso y se elaboraba la “mama cuchara” (cuchara grande), batea, cucharas pequeñas y bandejas para ir a intercambiar. Todo lo hacían de manera equitativa. Los granos medían el precio. Debían llenar la batea con los productos que se intercambiaban. El intercambio se lo realizaba entre junio, julio y agosto que es la época de la cosecha de los granos tiernos, aseguró Micael.

Un centro de acopio

La parroquia que está habitada por indígenas kichwas implementó un almacén que es como centro de acopio, donde los artesanos van a vender sus productos.

Se observa de todo un poco. Hay pequeños modelos hasta las figuras más impresionantes que reflejan la reverencia a la madre tierra.

El almacén recauda 4 mil dólares mensuales por comercialización, el monto se divide: el 15 % se destina a la caja comunal y el porcentaje restante se utiliza para pagar la mano de obra de los artesanos.