Actualidad
La agonia de los republicanos
Es una época sombría para el Partido Republicano estadounidense. Aunque la mayor parte de sus bases abrazó a Donald Trump como candidato presidencial, a sus congresistas les está costando aceptarlo como portador de su estandarte. Nunca había ocurrido algo así. Sería bueno creer que los republicanos que no han apoyado a Trump (o que han expresado el recelo que les inspira) actúan según sus principios. Pero, aunque es posible que estén preocupados por su comportamiento e idoneidad para el puesto, la mayoría se preocupa más por el impacto que su candidatura puede tener en sus carreras. Están divididos entre los reparos por su inexperiencia, imprevisibilidad y vulgaridad, y el hecho de que a muchos de sus electores les gusta. A pesar de que se ha hablado tanto sobre unidad republicana, apenas 11 de los 54 senadores del partido han refrendado a Trump. En la Cámara, solo 27 de 246. Pero incluso si Trump no hubiera ganado la batalla por la candidatura, el control del Senado por los republicanos hubiese sido vulnerable este año. El mayor recelo ante él -tanto entre republicanos como demócratas e independientes -deriva de que no está lo suficientemente informado sobre cuestiones que debe conocer un presidente y, aún más preocupante, que es anormalmente ensimismado, impulsivo y temerario. Su total falta de reparos en usar el racismo para lograr sus ambiciones también preocupa a sus detractores, quienes temen que esté alienando a grandes grupos minoritarios. Echar la culpa del asesinato de 49 personas en un bar “gay” de Orlando, Florida, a los inmigrantes musulmanes es el último ejemplo de sus tácticas. En cuanto a los republicanos, su preocupación por la ofensa a las minorías implica cierto grado de hipocresía, pues siempre han dado señales de simpatía con el sentimiento racista. A pesar de no recibir ninguna concesión de Trump en cuanto a sus diferencias fundamentales para el programa del partido (especialmente sobre acuerdos comerciales y programas de ayuda social), o incluso de moderar su retórica, el 2 de junio Paul Ryan, portavoz de la Cámara de Representantes, escribió un artículo de opinión poco entusiasta en el que afirmaba que votaría por Trump, el mismo día que este lanzó un ataque racista contra Gonzalo Curiel, el juez federal responsable de dos juicios por fraude contra la Trump University, institución que alentaba a la gente a gastar grandes cantidades de dinero para aprender las técnicas de inversión en bienes raíces con las que Trump se hizo rico (la gente califica a la difunta «escuela» como un fraude). Trump sostuvo en discursos ante grandes multitudes que Curiel no podía ser justo con él porque es un «mexicano» (Curiel nació en Indiana). Este llamado directo a la intolerancia fue demasiado para los republicanos que habían soportado sus ataques previos a los latinos. Ya como su candidato, era más probable que perjudicara las probabilidades del partido de ganar los votos de uno de los grupos demográficos con mayor crecimiento en el país. Ryan, sin embargo, simuló sorpresa ante estos comentarios «completamente inesperados» y reiteró su apoyo a Trump porque la presunta candidata demócrata, Hillary Clinton, no es una alternativa aceptable.
Los ataques racistas contra Curiel y su reacción ante la tragedia de Orlando reactivaron las negociaciones para tratar de detenerlo en la convención del partido en julio. Pero todo se fue a pique ante la pregunta de quién podría salvar al partido de este huésped indeseado.
Project Syndicate