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Los agentes de la CIA
Antes de la caída del Muro de Berlín, que borró de la geografía de Europa del Este a los regímenes comunistas, y cuando la izquierda radical, allá en el pasado siglo, no tenía vergüenza alguna en presentarse como tal, el sambenito que inevitablemente caía sobre aquellos que desertaban de los partidos signados con la hoz y el martillo era el de “agente de la CIA”, aunque siguieran leales a las teorías de Marx y Engels. Y es que por más que esa deserción se hubiese debido a una suerte de heterodoxia política que obligaba a pasarse a otro sector igualmente zurdo -como en el caso de los “troskistas”, que no comulgaban con la línea estalinista impartida desde Moscú- el calificativo era el mismo, para que se supusiera que el “evadido” recibía instrucciones y, por supuesto, también una muy generosa contribución económica de la tan temida CIA, desde Washington.
Se dice que el tiempo no pasa en vano. Pero en el asunto que nos preocupa parece que al respecto ha habido una excepción de esas que suelen confirmar la regla, porque en estos últimos días ha sido el propio Gobierno, se supone que a través de sus organismos de relaciones públicas, el que ha proporcionado una larga lista de ciudadanos (anticorreístas, por supuesto) que, según lo publicitado por los medios de comunicación públicos, están al servicio de la agencia central de inteligencia de la más poderosa nación del mundo. En un largo video que se está proyectando a cada rato a través de la pantalla chica aparecen no solo los nombres y apellidos de los supuestos “espías” (aunque todavía no señalan a ningún “topo”, es decir ese tipo de espía introducido hábilmente en los organismos estatales del enemigo, digamos un “verde” en apariencia, actuando por lo bajo en favor de azules, celestes o rosados) sino también sus respectivas fotografías, como para que nadie se llame a engaño y no se incurra en el uso de homónimos.
Con el video en mención llegamos, pues, a la conclusión de que existen espías gringos, pero de origen criollo, hasta en la sopa. Y hasta el ministro del Interior, que acaba de recibir en Washington una bien ganada felicitación de la DEA por su fructífera labor contra el narcotráfico... ¿podría caer víctima de la infame duda metódica?
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