De quien mas

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De quien mas

La salida de Reino Unido (RU) de la Unión Europea fue la primera. La primera de muchas. Me pregunto, ¿qué consecuencias políticas y territoriales preveía el país al abanderar la causa de “estamos mejor por nuestra cuenta”? El 23 de julio de 2016 el RU le anunció a Bruselas el divorcio. Evidentemente, como en toda separación, se inició el proceso. Nada es inmediato: la división de bienes, la promesa de una relación cordial. Y, como era de esperarse, después de dos años no hay acuerdo. Y, como era de esperarse, no hay lado que esté contento. Dentro del RU están quienes no quieren oír la palabra Europa, y están quienes aún luchan por -al menos- mantenerse en el Mercado Común. No producto del sentimentalismo, sino porque la incertidumbre que causaría desvincularse afectaría la confianza y la inversión extranjera. En esta confusión solo hay una cosa clara. Y eso está en Irlanda, que al ser un país soberano no está afectado por los efectos del referéndum y su silla en el Parlamento europeo está intacta. Lo contrario ocurre con Irlanda del Norte, que es una nación dentro del reino. Al único acuerdo llegado entre “todos” es que no van a levantar fronteras entre las irlandas. Entre ambas regiones hoy no hay frontera física, ni controles de aduana. Implementar separaciones y competencia reviviría la amenaza terrorista y terminaría con los acuerdos de paz. La opción: mantener a Irlanda del Norte en el Mercado Común europeo. Esto significa crear fronteras dentro del país; despedirse de Irlanda del Norte y arrojarla a los brazos de Dublín. Pero, ahí no culminan las consecuencias no deseadas. Escocia no tiene intenciones de recibir un trato diferente al de su vecina. Exige se le aplique la misma política. Después de todo, incentivarían una competencia desleal. Aparte -se alimenta el discurso nacionalista- el 62 % de los escoceses votaron por permanecer en la Unión. ¿Y si el Parlamento británico no cumple con esta exigencia? La forma en la que todo se soluciona: referendo para garantizar su independencia y libertad. Y cuando desde Buckingham les pregunten dónde lo aprendieron, los mirarán y responderán: de quién más.