Los que no se van

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Los que no se van

Conocido es el comienzo del drama Hamlet de Shakespeare: en la terraza del castillo aparece a medianoche la sombra del padre del príncipe para revelar a este las verdaderas causas de su muerte. Sus palabras asombran y ponen en crisis a Hamlet: no son la revelación de un asunto personal abyecto sino la podredumbre del “statu quo” de la sociedad en la que le ha tocado vivir, que acepta como “normal” el crimen del tío y la entrega vergonzosa de su madre a él. Solo así se entiende su frase: “El mundo está fuera de quicio... ¡Oh suerte maldita!... ¡Que haya nacido yo para ponerlo en orden!”. Hamlet no olvida.

A fines de la semana pasada, la noticia de las autoridades colombianas del aparecimiento de cadáveres que podrían ser de los periodistas ecuatorianos, cruelmente asesinados, de diario El Comercio, volvió a remecer el corazón de sus familiares y amigos. La euforia pasajera del Mundial y la novelería permanente que nunca falta no pueden dejar como un hecho “normalizado”, destinado al olvido, lo sucedido con ellos. La frontera norte es una dolorosa incógnita nacional por resolver y son necesarias, tanto las revelaciones de lo que pasó, como la justicia con quienes cometieron el crimen y contra las condiciones que lo hicieron posible.

El general Jorge Gabela era una persona afectuosa, hasta tímida a veces, preocupada de sus deberes y de sus responsabilidades. Nunca habló más de la cuenta, excepto cuando su conciencia se lo reclamó como oficial digno de las FF. AA. y ciudadano comprometido con el país. Los llantos de su familia y de los amigos, presentes el día de su sepelio, no son un recuerdo del pasado. Su esposa, Patricia, es un verdadero ejemplo de lo que significa ser una mujer valiente y digna a toda prueba, casi en soledad, excepto por sus hijas y amigos, en medio del omnipotente silencio oficial y de las mentiras urdidas.

“Crueles son los tiempos cuando somos traidores/ y no nos conocemos; cuando nos llegan rumores/ de lo que tememos y no sabemos qué tememos,/ sino que flotamos en un furioso y violento mar, / hacia cualquier parte y hacia ninguna”.