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Diario Expreso Ecuador

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Abusos sexuales de clerigos

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Lo que hoy se conoce tanto en Cuenca como en el resto del país acerca del comportamiento nada cristiano de un clérigo de esa ciudad, debe ser entendido socialmente como un grave problema de la Iglesia. No es el único caso. En pasados años ya se registraron, denunciaron y juzgaron prácticas abusivas de clérigos contra niños y jóvenes.

Parece que al interior de la Iglesia católica, desde hace tiempo se da una práctica de pederastia, que aparentemente en los últimos años se ha incrementado, dado el cada vez mayor número de casos conocidos. El papado ha tenido que enfrentar esta situación que involucra no solo a simples sacerdotes sino también a religiosos de alto rango.

Nada agradable debe ser para esa institución tratar este tipo de hechos, mucho más cuando desde su interior se dan acciones de ocultamiento por parte de algunos de sus miembros.

La situación de Cuenca evidencia que los actos de perversión y abuso han sido cometidos por un clérigo de prestigio. Debido a su trabajo en varios sectores, la Iglesia y los feligreses habían incluso llegado a erigirle una estatua. También había sido designado por la Universidad Católica de esa ciudad como rector honorífico, cargo que ya le fue retirado, pues tal función requiere solvencia ética y moral, todo lo cual, según se está demostrando, este sacerdote no tuvo. En su hoja de vida además consta que fue obispo titular de Nazaret.

Pero todo su “prestigio” se vino abajo porque algunos de quienes fueron abusados hace 50 años (niños en ese entonces) han salido a denunciar tan sórdidos hechos. Ante las pruebas, “la Iglesia ha pedido perdón”. Se sabe que él es autor de esas acciones bochornosas y aunque hoy es un anciano, no por ello debe quedar fuera de la ley. Los tribunales y representantes del Estado deben iniciar los procedimientos correspondientes, pues la condición de clérigo que ostenta no lo excluye ni libera de ser juzgado por esos delitos por la vía de la justicia común.

Vale tener presente que en la sociedad hay personas cuyos roles exigen honorabilidad y alta calidad moral: los sacerdotes y los maestros. Desgraciadamente, algunos de ellos, en los últimos años, han abusado y agredido a niños y jóvenes. La ciudadanía pide que quienes ejerzan el magisterio o tomen los hábitos, sean hombres y mujeres íntegros, y que las instituciones a las que pertenecen no levanten a su alrededor murallas de silencio, complicidad e impunidad.

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