El escritor Juan Secaira transforma el adiós en poesía en su nuevo libro
En 'La perfecta maquinaria del adiós', el autor quiteño convierte sus recuerdos y transformaciones en versos que transitan entre lo íntimo y lo cotidiano

Secaira ha publicado nueve libros de poesía y un volumen de ensayos. Ha obtenido numerosos galardones, entre ellos En 2012 el Premio Poesía Paralelo Cero.
Versos que narran la resiliencia
- Juan Secaira convierte en poesía su experiencia con el cuerpo, la enfermedad, los recuerdos y las despedidas en La perfecta maquinaria del adiós.
- Aunque aborda la pérdida y las limitaciones que impone la ELA, el autor evita una mirada trágica y encuentra en la poesía una forma de resistencia
“Los textos pueden parecer confusos. Es así como vivo, en ese caos con tintes de vértigo y hallazgos luminosos, vertidos desde la oscuridad más plena. Extranjero en mi propia corporalidad. Testigo, espía desganado. Sobreviviente. Me canso; me canso de cansarme. No aguardo milagros; construyo un buque en mi cabeza para destruirlo a las horas. Y nadar, siempre y nunca”.
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Así empieza Anclados, uno de los textos de La perfecta maquinaria del adiós, el poemario más reciente del escritor quiteño Juan Secaira.
El libro comenzó a tomar forma hace cuatro años. Primero fue una suerte de diario, pero, con el paso del tiempo, aquella estructura empezó a quedarle estrecha. Entraron en él otros autores, lecturas, canciones, recuerdos y escenas cotidianas. También cambió su manera de escribir: los poemas se extendieron y algunos terminaron acercándose a la crónica y la prosa poética.
“No empezó como un libro. Fue un intento por retratar mi día a día, mi relación con el cuerpo, con mis afectos. Se fue transformando”, explica.
Secaira, nacido en Quito en 1971, ha publicado nueve libros de poesía y un volumen de ensayos. En 2012 obtuvo el Premio Nacional de Poesía Jorge Carrera Andrade por No es dicha y, en 2023, recibió el Premio Poesía Paralelo Cero por Eclipsa los arribos, un poemario en el que abordó directamente su experiencia con la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), enfermedad que comenzó a manifestarse en su cuerpo en 2010 y cuyo diagnóstico fue confirmado años después.
Y aunque en La perfecta maquinaria del adiós, el retrata el declive del cuerpo y el avance de la enfermedad, decidió tomar otro camino a su poemario previo. La ELA no aparece nombrada. En cambio, dice, se trata de versos que también pueden interpelar a quienes conviven con algún dolor crónico. El cuerpo permanece en las páginas, pero junto a él aparecen la familia, la ciudad, el arte, las lecturas, la música y los objetos que acompañan los días.
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El proceso de escritura estuvo marcado también por los cambios físicos y los tratamientos médicos. Hubo textos nacidos durante noches de insomnio y otros escritos bajo los efectos de los medicamentos. Después llegó el trabajo de corregirlos y reunirlos hasta convertir aquellos fragmentos en un solo libro.
El arte de soltar
La despedida que anuncia el título tampoco se refiere únicamente a la muerte. Para Secaira, el adiós puede estar contenido en aquello que deja de ser posible y en la necesidad de encontrar otras formas de hacer y habitar la cotidianidad. El dibujo que aparece en la portada fue realizado por él mismo, pero actualmente ya no puede dedicarse al arte debido a la pérdida de movilidad de su mano.
“Fue como un adiós también a eso. Creo que, sin sentirlo, todo va conformándose a las despedidas, pero no necesariamente a una despedida mortal, sino dejar ciertas cosas y acostumbrarte a ello”, explica.
Esa lectura estuvo presente durante el lanzamiento del libro, realizado recientemente en el Centro Cultural Benjamín Carrión. La escritora Silvia Stornaiolo, amiga de Secaira desde hace cerca de quince años, fue la encargada de presentar la obra. En su intervención recordó cafés, conversaciones, cervezas y carcajadas compartidas, pero también señaló cómo esa misma voz aparece cuando el libro se adentra en el cuerpo, el miedo y la despedida.
“La perfecta maquinaria del adiós podría parecer, desde su título, un libro dedicado al final. Sin embargo, para quien se adentra en sus páginas, es también un libro sobre la presencia. La maquinaria del tiempo avanza, sí; el cuerpo cambia, la enfermedad impone sus reglas y la despedida deja de ser una abstracción”, expresó.
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En medio de esos cambios, Secaira continúa leyendo y escribiendo. Vuelve a Blanca Varela, Pedro Lemebel y Reinaldo Arenas; ha leído a Piedad Bonnett y Joan Didion y, últimamente, se ha acercado con mayor frecuencia a libros relacionados con la música, entre ellos biografías de Gustavo Cerati y Charly García.
La poesía, añade, ocupa cada vez más espacio en su vida. “Es lo que me ata. Lo único que me queda ahora que las otras cosas se han ido. Pero no lo tomo como algo trágico. El libro, estos versos, no son trágicos. En medio de todo, hay alegría”.
Tras la presentación, los ejemplares han empezado también su propio recorrido. Secaira cuenta que ha enviado libros a Guayaquil, Manta y Cuenca a través de pedidos realizados en sus redes sociales. En la capital, el poemario se puede adquirir en la librería de la Casa de la Cultura.