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Diario Expreso Ecuador

¿Dónde ocurrió la gesta del 10 de Agosto? Una ruta histórica por Quito

Iglesias, plazas, museos y antiguos cuarteles conservan las huellas de los acontecimientos que transformaron la urbe colonial entre 1809 y 1810

En el marco del 10 de agosto, las Fuerzas Armadas del Ecuador rindieron tributo a los próceres de la gesta libertaria al pie del Monumento a la Independencia, en la Plaza Grande.

En el marco del 10 de agosto, las Fuerzas Armadas del Ecuador rindieron tributo a los próceres de la gesta libertaria al pie del Monumento a la Independencia, en la Plaza Grande.Matthew Herrera

Mariella Toranzos
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Recorriendo los pasos de la historia

  • Una ruta por el Centro Histórico de Quito recorre los escenarios que marcaron los acontecimientos del 10 de Agosto y sus consecuencias.
  • El recorrido también revisa los matices de un episodio que con el paso del tiempo adquirió un carácter heroico y se convirtió en parte de la construcción de la identidad nacional.

La noche del 9 de agosto de 1809, mientras Quito dormía, una casa situada al borde de la Plaza Grande permanecía despierta. Allí vivía Manuela Cañizares y allí se reunieron nobles criollos, intelectuales y otros involucrados en una conspiración que llevaba meses tomando forma.

Entre conversaciones y discusiones, las horas avanzaron hasta que, entrada la madrugada, los asistentes resolvieron constituir una Junta de Gobierno.

Afuera, Quito seguía siendo una ciudad colonial de calles estrechas y casas encaladas; adentro, en cambio, se preparaba la destitución de la máxima autoridad de la Real Audiencia. Lo que ocurriría horas después se convertiría en uno de los primeros episodios de un proceso que, años más tarde, conduciría a la independencia.

Más de dos siglos después, aquella casa ya no existe. En el espacio donde se encontraba está hoy el despacho parroquial de la iglesia de El Sagrario, punto de partida de un recorrido por los escenarios de Quito que todavía guardan las huellas de aquel 10 de Agosto.

Desde allí basta caminar unos pasos para llegar a la segunda parada: el Palacio de Carondelet, otro de los escenarios fundamentales de aquella mañana del 10 de agosto. Hasta allí llegó Antonio Ante, secretario de la Junta, para comunicar al presidente de la Real Audiencia, Manuel Urriés, conde Ruiz de Castilla, que había sido apartado de su cargo.

“El acto se hace de manera pacífica. Cuentan que el conde incluso estuvo en pijamas al momento de su destitución y es enviado a ser encarcelado en el convento de La Merced”, relata Mónica Azuero, mediadora de museos y centros culturales del Museo Alberto Mena Caamaño. Este espacio, que forma parte del Centro Cultural Metropolitano, recorre distintos episodios de la historia de Quito y del país.

La ruta continúa unas cuadras más adelante, en la iglesia y convento de San Agustín. Aunque Ruiz de Castilla fue destituido el 10 de agosto, la instalación formal del nuevo gobierno ocurrió seis días después. El 16 de agosto de 1809, la Sala Capitular acogió la conformación de la Junta, presidida por Juan Pío Montúfar. El espacio permanece abierto a los visitantes y conserva objetos vinculados con aquel episodio, entre ellos mobiliario utilizado en la época.

En el Museo Alberto Mena Caamaño se pueden ver las escenas más icónicas del 10 de agosto.

En el Museo Alberto Mena Caamaño se pueden ver las escenas más icónicas del 10 de agosto.Matthew Herrera

De la dicha al dolor

El recorrido, sin embargo, no sigue únicamente las huellas de la gesta, sino también las de sus episodios más dolorosos. Para continuar la historia hay que desandar algunos pasos y regresar desde San Agustín hasta el actual Museo Alberto Mena Caamaño.

La Junta duró poco: Quito quedó aislada, no obtuvo el respaldo esperado de otros territorios y sus integrantes terminaron renunciando. Ruiz de Castilla recuperó el poder y ordenó encarcelar a quienes habían participado en el gobierno. El antiguo cuartel realista donde permanecieron recluidos forma hoy parte del museo.

Es allí donde el recorrido llega a uno de los episodios más recordados de este proceso. El 2 de agosto de 1810, casi un año después de la conformación de la Junta, un intento por liberar a los detenidos derivó en una matanza que se extendió por la ciudad. El museo conserva una conocida representación en cera de aquella jornada, una escena que durante décadas ha acercado a generaciones de visitantes a lo ocurrido entre esos muros.

Pero la violencia no quedó encerrada en el cuartel. Se propagó por Quito y alcanzó también a habitantes que no pertenecían a la élite criolla. Parte de los cuerpos fueron trasladados hasta San Agustín, donde una fosa común en la cripta del convento guarda otra de las huellas de aquella jornada y suma una nueva parada al itinerario.

“En Quito no van a morir solo los miembros de la Junta, sino muchos indígenas, mestizos y negros. Alrededor de toda la ciudad mueren cientos de personas. Los cuerpos fueron tantos que fueron apilados fuera de las iglesias, o llevados a San Agustín, donde hay una fosa común en la que fueron enterrados porque, como represalia, a las familias no les permitieron recuperar los cuerpos de sus hijos. Todas las familias, casi sin falta, perdieron a un ser querido”, señala Azuero.

En la Iglesia de San Agustín reposan los restos de los patriotas.

En la Iglesia de San Agustín reposan los restos de los patriotas.Archivo

De vuelta en la Plaza Grande espera la última parada de la ruta: el Monumento a los Héroes del 10 de Agosto. A diferencia de los sitios anteriores, no se trata de un vestigio colonial, sino de una representación construida posteriormente para conmemorar aquellos acontecimientos. Inaugurado en 1906, el conjunto está coronado por una figura femenina que representa la libertad y que, desde entonces, mantiene la memoria de aquel episodio en el paisaje cotidiano de la ciudad.

El 'bonus track' de la ruta

Para quienes busquen prolongar el recorrido, pueden avanzar hacia el Museo de la Ciudad, donde documentos y objetos permiten observar el contexto social de aquellos años, y terminar en San Blas. Este antiguo barrio aparece ligado a los movimientos que siguieron a la Junta.

Desde allí, el mapa puede ampliarse hacia San Roque, San Sebastián y Santa Clara, sectores donde artesanos, indígenas y mestizos participaron en las movilizaciones de la época. El paseo revela así una geografía mucho más extensa que la de los salones donde se reunieron los criollos.

Detrás del mito: la construcción de los héroes

Pero la historia nunca es tan simple ni tan heroica como suele quedar en el relato cívico. Así lo explica Azuero durante el recorrido que realiza por el espacio cultural, donde la narración incorpora también los matices y contradicciones de aquellos acontecimientos.

“La destitución se da el 10 y por eso se llama el Primer Grito de Independencia, pero en realidad no es un grito porque el poder no se toma por la fuerza, sino en un acto pacífico. Y tampoco es una independencia, porque la Junta que va a entrar a gobernar lo va a hacer en nombre del rey Fernando VII, prisionero por Napoleón en España. Ahí hay una forma de contar la historia que se va deshaciendo con el tiempo”, explica Azuero.

La casa de Manuela Cañizares, donde se reunió la primera junta, hoy es parte de la Iglesia de El Sagrario.

La casa de Manuela Cañizares, donde se reunió la primera junta, hoy es parte de la Iglesia de El Sagrario.Karina Defas

La documentación de la época también muestra una Junta atravesada por los intereses de su grupo social y ofrece una imagen más compleja de quienes, con el paso del tiempo, serían incorporados al relato como héroes de la independencia.

“Los criollos se van a imponer un horario de trabajo de dos días a la semana y sueldos onerosos. Otro de los datos curiosos es que, cuando están en el poder, se van a borrar deudas que tienen con el Cabildo y se van a bajar impuestos que tienen. Ha habido una especie de heroización de estos personajes que, al final, gobiernan para sus intereses”, sostiene.

Azuero señala que esta revisión, incorporada actualmente a la narración del museo, parte precisamente de las actas y documentos de la época. Aun así, asegura que encontrarse con una versión distinta de la aprendida tradicionalmente puede provocar sorpresa e incluso incomodidad entre algunos visitantes.

“A veces hay malestar en quienes se encuentran con estas realidades, porque son muy distintas a las que aprendimos en la escuela. Sin embargo, hay que tener en cuenta que la narración que conocemos, la heroización de estos episodios, se construyó un siglo después, tergiversando un poco el contexto como una forma de construir identidad y patriotismo”.

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