ANÁLISIS
¿Por qué Lenín Moreno regresó a Ecuador? Las hipótesis detrás de la vuelta del expresidente
Tres hipótesis podrían explicar esa actitud del expresidente. Vale la pena explorarlas y medirlas contra el avance de los hechos

El expresidente Lenín Moreno regresó a Ecuador para el juicio del caso Sinohydro.
Lo que debes saber
- El regreso de Lenín Moreno desafía a un sistema judicial ecuatoriano influenciado por el poder.
- Se analizan tres hipótesis: pactos políticos, el fin de su retiro o la defensa de su legado.
- Su figura reactiva la polarización correísmo-anticorreísmo que beneficia a Daniel Noboa.
El retorno de Lenín Boltaire Moreno Garcés al país no fue como el de otros políticos. No hubo, como con Velasco Ibarra, manifestaciones con pancartas que rezasen “todo el poder a Moreno”; ni bajó del cielo, como Bucaram, para ser abrazado por las masas congregadas en plena 29 y Oriente. No regresa tampoco como Arosemena Monroy, todavía con media vida por delante.
El Ecuador que lo recibe tampoco es el país que admitió de vuelta a esos políticos, en épocas de incertidumbre, con regímenes recién caídos o ad portas de una elección presidencial que todos sabían sería duramente disputada entre varios candidatos competitivos.
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El retorno de Lenín Moreno y la crisis de la justicia ecuatoriana
Lo que sí es parecido es su sistema judicial, que siempre ha sido susceptible a las influencias del poder político, usando sus sentencias como monedas de cambio para sacar o volver a meter al país a cualquiera, por más que hoy podría decirse que este ha tocado fondo en su nadir absoluto. Y Moreno retorna, precisamente, para plantar la cara ante esa justicia ecuatoriana.
Pero, ¿qué gana con hacerlo? Un hombre que llevaba años cómodamente en el exilio, sin pedir colectas ni promover a algún movimiento político o delfín, ¿qué necesidad tiene de ponerse bajo la jurisdicción de nuestras cortes? Si su miedo es perder el caso, siempre podría jugar la carta de Mahuad, de Correa y de tantos otros ante una decisión adversa y decir lo evidente: que el sistema judicial ecuatoriano está corrompido. Podría añadirle el argumento de que con los brotes de tuberculosis en las cárceles, su infraestructura deteriorada y el historial de violencia dentro de ellas, su vida correría peligro. Si bien es cierto que su edad y condición de salud probablemente le ayudaría a conseguir una prisión domiciliaria en el hipotético caso de una condena, nada es seguro en este país en el que cada vez vemos más límites ser cruzados. Además, cualquiera preferiría seguir afuera y a sus anchas.
Tres hipótesis, aunque a estas alturas meras elucubraciones, podrían explicar esa actitud. Vale la pena explorarlas y medirlas contra el avance de los hechos.
Primera hipótesis: Moreno llegó a hundir a otros
La primera hipótesis es la siguiente: podría ser que Moreno haya regresado para salvar a unos a cambio de tratar de hundir a otros. No es difícil imaginarse a quién le beneficiaría un arreglo de ese tipo, sobre todo si vemos las páginas de otro diario (no digo leemos, porque la nueva gente a cargo se ha encargado de dejar bien claro con fotos y caricaturas quienes son los principales objetivos del poder en el caso) o si nos topamos con las publicaciones de los troles gobiernistas. Moreno, por más retirado que pueda estar de la política electoral, sabe que el poder del exiliado está en el entorno que lo auspicia y protege y, aunque poco tiene que temer afuera del país, no es un ermitaño que haya cortado todavía todo sus lazos con el país a nivel personal.
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Segunda hipótesis: Moreno busca una candidatura
La segunda, gira en torno a la idea, por más descabellada que pueda sonar, de que el hombre quiera interrumpir su retiro. Sí, Lenín Moreno ya va por los 73 años de edad. Si se lanzase a la alcaldía de la capital, como sugirió un tuitero, o a la presidencia, terminaría sus períodos siendo más viejo de lo que fue Sixto Durán Ballén cuando dejó Carondelet, pero, viendo hacia otros países, sería más joven aún que Biden, Trump o Balaguer.
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Sin duda hemos visto cosas tanto o más raras en el Ecuador. Además, la imagen de Moreno se ha suavizado un poco con los años, síntoma de un país de memoria corta y con una debilidad por los políticos con sentido del humor (Lenín es quizá el último exponente de la sal quiteña en la palestra pública). Pero no es necesario que el expresidente vaya tan lejos. Moreno como portaestandarte del anticorreísmo, estando cerca (pero no tanto) de algún candidato sin él mismo serlo, podría ser un valioso agente activo para mantener viva la polarización correísmo-anticorreísmo de la que tanto se ha servido el presidente Daniel Noboa para cerrarle el paso a cualquier alternativa de centro o derecha.
Tercera hipótesis: Moreno y la defensa de su legado
Por supuesto, no podemos descartar algo que para muchos en esta sociedad podría ser todavía más increíble: que Moreno haya regresado no para defender su patrimonio o libertad, difíciles de alcanzar afuera del país, ni a sus allegados en el caso, sino para defender su legado. La vanidad ya ha lanzado a muchos hombres detrás de costosas aventuras. Si no lo creen, pregúntenle a quien ahora quiere ser, en sus palabras, el mejor expresidente del país o a esos incansables que se candidatizan y concursan para siempre perder, tan solo por no dejar de sentir el calor de las cámaras