Editoriales

Turismo de riesgo

'En nuestro país el turismo implica riesgo por la delincuencia que cada vez se hace más presente en todo el territorio nacional, sobre todo en playas y carreteras de la Costa’.

La adrenalina es un elemento esencial en el turismo de riesgo, ese que atrae a quienes buscan emociones extremas. Pero en nuestro país el turismo implica riesgo por la delincuencia que cada vez se hace más presente en todo el territorio nacional, sobre todo en playas y carreteras de la Costa.

Se está volviendo frecuente escuchar de asaltos en la Ruta del Spondylus, en la carretera Guayaquil-Salinas, o en los balnearios que visitan ecuatorianos y extranjeros. La delincuencia ha perpetrado robos en la Terminal Terrestre de Santa Elena, en restaurantes y en locales comerciales en Salinas y Libertad. Y han despojado de sus pertenencias a quienes viajan por las carreteras que llevan al norte de la provincia de Santa Elena y sur de Manabí, obligando a los autos a detenerse, ya sea pinchando llantas por medio de elementos que arrojan a la vía o cruzando los vehículos para obstruir la circulación. 

Los asaltos se dan a cualquier hora del día, y por igual en puntos alejados y solitarios o en concurridos locales playeros. Los ladrones están bien armados, mientras las víctimas no tienen cómo defenderse.

De nada sirve la espectacularidad de nuestros paisajes y destinos, ni cuánto se los promocione si no se los puede disfrutar en forma segura. La delincuencia ahuyenta el turismo.