Editoriales

Al tuntún

"No contagiarse no es la única preocupación, lo es también no quebrar, no ser despedido, poder pagar deudas, sobrevivir…"

Así van nuestros alcaldes, tomando decisiones reactiva e individualmente, ignorando la indispensable sinergia entre municipalidades a la hora de adoptar medidas, no queriendo ver sus consecuencias en la economía, que está convaleciente y de la que depende también el bienestar ciudadano. No contagiarse no es la única preocupación, lo es también no quebrar, no ser despedido, poder pagar deudas, sobrevivir… Imponer severas restricciones en Guayaquil hace que la demanda migre a sus cantones vecinos, donde aún se mantiene la “normalidad” que regía hasta hace pocos días, generando grandes perjuicios económicos a la actividad formal porteña. Imposible proyectarse en un escenario con reglas que cambian repentinamente, agravado por la escasez de recursos y por la reacción de la población que, alarmada, disminuye inmediatamente el consumo y la afluencia a locales comerciales, de servicios y turísticos. En el largo plazo la situación no difiere mucho de la coyuntural. Se habla de planes de desarrollo, de proyectos en estudio y de una adecuada planificación. Sin embargo, la comunidad no conoce hacia dónde irán las ciudades en las próximas décadas y mucho menos los trabajos programados específicamente para los diferentes sectores urbanos, pues su difusión es privilegio de pocos.