Editoriales

Medidas simbólicas

Los ecuatorianos apreciamos el simbolismo, pero no nos hacemos ilusiones de que con medidas alegóricas se pone coto al deterioro brutal y despiadado en el que hemos caído.

La iniciativa presidencial de reducir los sueldos de los jerarcas gubernamentales así como los de la mediana y alta burocracia es un escaparate político. No se trata de criticar por criticar, pero sí de puntualizar que la iniciativa es una reacción frente al rechazo que recibió el mandatario cuando, en su última presentación televisada, hizo referencia a la tan manoseada noción de solidaridad, vía impuestos a ser pagados por los privados, toda vez que el gobierno tiene rubros más importantes que cubrir como el pago de la deuda externa.

Mientras el Estado ecuatoriano mantenga el espacio económico que ocupa -40 % de la economía- con una brecha de recursos hoy aumentada considerablemente, no habrá salida posible al colapso que nos aqueja. Bajar los sueldos y que persista la corrupción no es, tampoco, una solución. Por simple aritmética, el ahorro de unas pocas decenas de millones de dólares quedan borrados con los sobreprecios de cientos y miles de millones que se dan en el amplio espectro de los negocios gubernamentales.

Los ecuatorianos apreciamos el simbolismo, pero no nos hacemos ilusiones de que con medidas alegóricas se pone coto al deterioro brutal y despiadado en el que hemos caído.