Editoriales

La ilógica electoral

"No hay que menospreciar a los candidatos por más inexpertos o aparecidos que sean. Ni la tradición ni la lógica electoral miden ya la voluntad popular. Estados Unidos lega ese mensaje para comicios como los de Ecuador"

Tomarle el pulso a las urnas responde cada vez menos a las lógicas tradicionales. Las elecciones de Estados Unidos están ratificando que los votantes no tienen por qué apegarse a lo que el raciocinio político o tradicional concluyen. Los resultados son tan apretados que nadie puede decir que la elección anterior fue accidental o, en términos propios de Ecuador, novelera por hartazgo con el ‘establishment’. Más de 68 millones de estadounidenses votaron por una opción y lo mismo por la otra. No es una lluvia de votos caída del cielo.

Lo que ocurre es que los ciudadanos van por una vía paralela a lo que la lógica política o electoral venía previendo. Y deja un aviso generalizado: no hay que menospreciar a los candidatos por más inexpertos o aparecidos. Salirse del molde ya no significa que no encaje en los planes ciudadanos y, por tanto, nadie debería infravalorar o excluir de sus quinielas a rivales poco ortodoxos.

Eso aplica también en Ecuador. Catorce binomios -que podrían ser quince- aspiran a Carondelet. Algunos con vasta experiencia, otros son paracaidistas en la carrera presidencial. Podrá medirse la cualificación de cada uno, pero no preverse a cuántos votantes seducirán ni por qué.