Editorial: Hay que volver la mirada al campo

El campo sigue sufriendo los mismos problemas de hace años: baja producción por hectárea, mal manejo de plagas y semillas, altos costos de producción

La agroindustria sigue dando de comer al país, no solo por lo que puede ofrecer en el mercado local, sino por las millonarias divisas que genera con la exportación. Pero pilar y todo, este sigue siendo un sector discriminado que, por décadas, ha ido quedando en el rezago de las políticas de desarrollo de cualquier gobierno de turno.

La agricultura es la base de la economía; después del comercio es la que más empleos formales genera y la que impulsa más del 60 % de las ventas no petroleras del país, pero continúa carente de innovación y tecnificación. El campo sigue sufriendo los mismos problemas de hace años: baja producción por hectárea, mal manejo de plagas y semillas, altos costos de producción, y uno de los que más preocupa: la poca diversificación. Del banano, cacao y café no avanzamos. La firma de tratados comerciales con países como China y Costa Rica, que crean nuevos nichos para productos como la pitahaya, el mango, los arándanos o los aguacates, debería constituir el gran impulso para decidirse a diseñar una política agrícola sostenible, que con capacitación y crédito barato permita una real tecnificación y mayor eficiencia. Esa es la forma como se llega a ser competitivo, y la manera en cómo el país puede conservar los mercados que tiene y seguir expandiéndose. Pero para ello falta voluntad política, la que poco o nada han demostrado tener las autoridades.