Editoriales

Cuestión de respeto

"Ni siquiera las ambulancias son dignas de respeto cuando intentan avanzar con las sirenas encendidas. Parecen no entender que ahí van vidas humanas que dependen de la velocidad en la que puedan llegar a sus destinos"

El tráfico en Guayaquil se vuelve cada vez más caótico. La aglomeración de vehículos que intentan desplazarse desde y hacia la ciudad es un problema diario que parece no tener una solución viable, al menos a mediano y largo plazo. Sin embargo, la actitud de los conductores tampoco ayuda a subsanar en algo el estrés que producen los trancones y la impericia de quienes pretenden demostrar una singular ‘inteligencia superior’ violando las leyes de tránsito. Es penoso constatar que ni siquiera las ambulancias son dignas de respeto cuando intentan avanzar por las calles con las sirenas encendidas hacia los hospitales. Parecen no entender que ahí van vidas humanas que dependen de la velocidad en la que puedan llegar a sus destinos. Y no solo no les permiten el paso, sino que además se aprovechan de la situación para unirse a la caravana, subiéndose por las veredas o aceras con tal de superar los obstáculos, pero lo único que consiguen es fomentar el desastre. El irrespeto alcanza a los ciclistas y peatones, que también son víctimas del abuso de los que convierten las carreteras en pistas de carreras. La solución no solo está en mejorar el trabajo de los vigilantes, sino en fomentar una mejor convivencia y ser más considerados con los demás. Intentarlo no cuesta nada.