Editoriales

Colombia: república bajo asedio

No es solamente una manifestación del descontento generado por la brecha social; es abierta voluntad de generar el caos

Luego de mantener alojada en vastas zonas de su territorio a la guerrilla más antigua del mundo y una vez que se firmaron acuerdos de paz con parte de ellas, pareciera que la estrategia subversiva se ha trasladado de lo rural a lo urbano, del campo a la ciudad.

En efecto, más allá de la respetable protesta social, amparada por su Carta Magna, la situación en Colombia ha derivado en un abierto vandalismo que sustentado, sin duda, en la mala condición social que es común a la mayoría de los países de América Latina, cuenta visiblemente con un amplio financiamiento y evidencia en cada una de sus acciones un cuidadoso entrenamiento, lo que permite sospechar de dinero del narcotráfico y asesoramiento externo.

En ese entorno, los disparos contra el helicóptero en que viajaba el presidente Iván Duque y la persistencia -ya superando los dos meses- de los ataques a los bienes públicos, incendiando edificios y cuarteles policiales, deberían hacer reflexionar al continente entero respecto a qué es lo que ocurre en la patria de Gaitán y de Galán.

No es solamente una manifestación del descontento generado por la brecha social; es abierta voluntad de generar el caos.