Editoriales

¿Asociaciones político-delincuenciales?

Quienes luchaban por las libertades, en todo tiempo y circunstancia, eran “hombres libres y de buenas costumbres”

Siempre se ha mirado con sospecha a los partidos políticos y a sus dirigentes. Por eso se conservan anécdotas que refieren casos de honradez paradigmática, como la de Sucre. Bolívar le encomendó comprar armas en el vecindario asignándole una determinada cantidad de dinero. El futuro Gran Mariscal de Ayacucho volvió con las armas y un “vuelto”, que perfectamente pudo embolsicarse.

Quienes luchaban por las libertades, en todo tiempo y circunstancia, eran “hombres libres y de buenas costumbres”. La condición de tales perduró hasta bien entradas las repúblicas, como una categoría a cuidar, vinculándola con el honor personal, familiar y el del partido. Recuérdese a don Eloy y la indignación de los liberales-radicales por la “venta de la bandera” que produjo el 5 de junio de 1895.

Después, los comportamientos empezaron a cambiar y el último grado de la degeneración llegó hasta la constitución de partidos ‘ad hoc’ financiados por grupos delincuenciales y con formas de gobierno semejantes. Así, las izquierdas respetables son excepción y la regla es que al gobierno se aspire para hacer alianzas con todo género de criminales, bajo el pretexto de que esa es la única forma de competir con la derecha, que en ocasiones accede de otra manera a los dineros del Estado.