Columnas

Los señores étnicos y la historia

La historia no es solo un relato, sino un proceso de reconstrucción, estudio, análisis, interpretación, comprensión y explicación objetiva de los hechos sociales. Algunos historiadores la distorsionan. Hay narrativas mentirosas que circulan-enseñan en escuelas, colegios, universidades, líderes políticos y dirigentes indígenas. Glorifican una utopía inexistente: de un “supuesto comunismo igualitario indígena precolombino”. Así falsean y niegan la historia real. Difunden “ideológica y políticamente” (¿?) lo que han creado como mitología indigenista. Sin embargo, todo eso es falso.

La investigación dice que hubo cacicazgos, tribus y señoríos con estratos sociales: señores étnicos, caciques, jefes de tribus, nobles, etc., y un sistema de esclavitud y servidumbre de la comunidad que pagaban tributo-trabajo y especie a la nobleza indígena. Por eso la creencia de considerar que con el coloniaje vino la explotación a los indígenas y que los mestizos son culpables de eso es una gran mentira, creada y difundida por “historiadores”, sociólogos, antropólogos y mitómanos indígenas que venden al Ecuador diverso esa falsedad. En el pasado histórico nuestro no hubo una sociedad igualitaria sin dominio ni explotación (¿?) sino todo lo contrario. Caciques, señores étnicos y nobleza indígena se aliaron a los españoles para concentrarlos en reducciones (encomiendas), usufructuando del trabajo servil de esos pueblos. Esto dicen estudios e investigaciones científicas de más de un siglo. Lo señalan el padre Juan de Velasco, Federico González Suárez, arqueólogos y etnohistoriadores. Incluso indígenas como Felipe Guamán Poma de Ayala, Inca Garcilaso de la Vega y sus crónicas. Todas estas verdades históricas requieren tener una comprensión adecuada de la ciudadanía para que el relato falso de un idílico y mentiroso comunismo y socialismo primitivo indígena ya no sea repetido como una imaginada historia. Es hora de que la objetividad, la realidad científica y los resultados de las investigaciones sean conocidos y aceptados. Solo así la mitomanía no seguirá dominando los relatos. Además en él se oculta que un guayaquileño, José Joaquín de Olmedo, en 1812 propuso en las Cortes de Cádiz la abolición de la servidumbre indígena.