Columnas

Guayaquil 2020-2021: de horror y muerte

"Guayaquil estuvo en las páginas de diarios y noticieros del mundo contando historias de horror y muerte"

El 2020 fueron 200 años de la emancipación de octubre de 1820. Rememoraríamos pensamiento-acción del líder que gobernó la revolución: Olmedo, poeta y político. La Alcaldía preparaba la celebración de independencia, libertad y autonomía. En marzo un virus agresivo, masivo y mortal se tomó el mundo y lo llenó de muertos. Se instaló en hogares, hospitales y cementerios. De China salió la COVID-19. Llegó la versión de Europa y EE. UU. Vino silencioso, brutal y asesino. Mató ricos y pobres. Marzo-mayo fueron grises, terroríficos y mortales. Se perdieron cuerpos y nombres. Quedó el recuerdo del fallecido. El confinamiento trajo calles desoladas, amargas, sin bullicio por pánico y muertes. Guayaquil, capitalista-comercial solo tuvo pena, féretros y miles de cadáveres de hijos, padres, abuelos, médicos y enfermeras. Las avenidas huérfanas y llorosas. La ciudad atemorizada. La muerte se metió en los hogares dejando dolor y llanto. Llegaron mascarilla, distanciamiento y semáforos. La sociedad mercantil-tropical vivió la disyuntiva: la economía o la vida. Los empresarios dijeron “el mercado y la economía”. Muchas vidas se perdieron en el hambre, miseria, abandono y desempleo; morían por el virus o el desamparo. Guayaquil estuvo en las páginas de diarios y noticieros del mundo contando historias de horror y muerte. Quedó la lección: centralismo y correísmo habían destruido todo. Hospitales públicos saqueados. Nadie dio la cara ni soluciones: insumos y médicos. La imagen de Guayaquil tenía semblante de muerte. En esos tiempos oscuros de pánico, dolor y muerte surgió algo de luz; el municipio y su alcaldesa hicieron frente. Se crearon y accionaron políticas de salud local, armó brigadas médicas, compró pruebas, reabrió un hospital y el Centro de Convenciones, que fueron sitios para contagiados. Esto creó alivio y renació la fe. Pasó lo horrible. Aún persiste la terca necedad de no saber cómo ser un buen ciudadano, cuidándose y cuidando a parientes, amigos y vecinos. Queremos ver nuevamente el Guayaquil tropicálido, que escucha a JJ en los portales y no duerme, pues su bohemia se da junto al enjambre de comerciantes que hacen la galaxia infinita de la urbe de siempre, que debe ser igual y diferente después de la pandemia.