Columnas

Dos siglos asumidos de libertad política

"No estamos dispuestos a negociar, renunciar y claudicar de aquellos principios y valores esenciales que recibimos de los patriotas guayaquileños"

El principio fundamental que define, orienta y da sentido a la política es, como dice Hannah Arendt, la libertad y viceversa. Así, lo que la ciudadanía guayaquileña (y ecuatoriana) debe tener presente, como un legado e incuestionable herencia histórica de los padres fundadores de la patria chica en la Revolución octubrina de 1820 es el significado sociohistórico de la libertad, desde la política, y de esta como proceso que está en función de la libertad. Por esto no cabe pensar que sea posible la existencia de una ciudadanía “apolítica”. Ello, como un hecho de la realidad social, no es factible. Es una expresión vacía. En los hechos no cabe una ciudadanía apolítica, pues afirmarse como “ciudadano” es una definición y acción política. Podemos ser apartidistas, sin adherencia y militancia a partidos, pero no apolítico. Por lo tanto, el significado sustancial conduce a la conclusión de que ciudadanía, política y libertad son un trinomio indisoluble. 

Este es el problema central respecto a los fundamentos del bicentenario de la Revolución octubrina de la sociedad guayaquileña, en su expansión, proyección y sentido. Y nos lleva a sostener en diversos artículos de esta columna que el aspecto esencial del bicentenario, como lo fue del primer centenario, es el referido a la cívica y la política como hecho y acción de práctica de la libertad. 

Documentos, proclamas, manifiestos, legados de los padres fundadores de la patria chica (Guayaquil y su región) y la patria grande (Ecuador y diversidad regional) sustentan el nexo indisoluble de libertad y política. El recorrido de la historia sociopolítica de la sociedad y del país evidencia y refrenda aquello. 

En conclusión: “dos siglos asumidos de libertad política” significan que la sociedad guayaquileña, el colectivo ciudadano, líderes y diversos integrantes no solo somos herederos pasivos de ese legado de los “padres fundadores” sino que lo asumimos. Y, en términos prácticos, nos comprometemos con esa herencia. En otras palabras, no estamos dispuestos a negociar, renunciar y claudicar de aquellos principios y valores esenciales que recibimos de los patriotas guayaquileños. Y al igual que Olmedo ayer, seguiremos diciendo: “Esa es la aurora plácida que anuncia libertad”.