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Nunca digas nunca

Pero ya vemos que lo único que no cambia es que todo cambia y una fotografía para la historia da cuenta del pacto alcanzado entre Jaime Nebot Saadi y Guillermo Lasso Mendoza, en la casa del hermano del líder socialcristiano, quien a la vez es consuegro del líder de CREO.

se fue el título en español de una de las películas más famosas del agente 007. Era el año 1983 y el actor Sean Connery, protagonizando a James Bond, causaba un enorme impacto en la industria del cine. Fantasía en la gran pantalla, política en la vida real de nuestro país, entendiéndose a la política como ‘el arte de lo posible’. Un año antes de las elecciones generales de 1984, León Febres-Cordero había decidido correr por la Presidencia, tras un fulgurante paso por el Congreso Nacional. Armaba el denominado Frente de Reconstrucción Nacional, ante un favorito en las apuestas electorales, Rodrigo Borja, el candidato del único partido que se consideraba con estructura nacional en esos momentos: Izquierda Democrática.

Febres-Cordero perdió en la primera vuelta, pero ganó en la segunda. No faltó quien dijera que eso nunca pasaría. Y pasó. Triunfó con escasos 3 puntos de margen, pero dejó de ser importante apenas se proclamó ganador. De todo lo que se ha dicho de Febres-Cordero no hay mención a un intento de permanecer en el poder con algún tipo de manipulación. En las siguientes elecciones Rodrigo Borja alcanzó la victoria llevando al cenit a la Izquierda Democrática. De los 71 diputados que tenía entonces el Congreso, 29 eran de la ID y con aliados alcanzaron fácilmente la mayoría absoluta en los dos primeros años de gobierno.

Las figuras de entonces nunca imaginaron que el partido desaparecería en 2013 cuando fue borrado de los registros electorales tras no alcanzar ninguna dignidad. Lograría reinscribirse en el 2016, de la mano de Wilma Andrade, pero las buenas intenciones no fueron suficientes para que el partido regrese a las grandes ligas. En 2020 la otrora poderosa Izquierda Democrática se ha entregado a un candidato presidencial desconocido, aunque con excelentes credenciales, pero nunca militante activo del partido naranja.

El estribillo se repite: Nunca digas nunca. Y se lo estarán diciendo en silencio los aún incrédulos del pacto entre el Partido Social Cristiano y el movimiento CREO, en cuyo futuro no quiero ni pensar. En 2013 estuvieron juntos, y luego se distanciaron de una manera que parecía definitiva. Sus máximos líderes llegaron a mantener posiciones supuestamente irreconciliables. Más de una vez escuché decir a partidarios de ambos, que nunca se sentarían en la misma mesa, que nunca volverían a darse la mano. Pero ya vemos que lo único que no cambia es que todo cambia y una fotografía para la historia da cuenta del pacto alcanzado entre Jaime Nebot Saadi y Guillermo Lasso Mendoza, en la casa del hermano del líder socialcristiano, quien a la vez es consuegro del líder de CREO.

En un salón moderno, con obras de arte colgando en las paredes, se firmó el acuerdo de siete puntos. En la imagen aparece en el centro la exprecandidata presidencial Cristina Reyes, cuya figura política, aunque ensalzada con palabras de generosidad y desprendimiento, tiene un matiz que disgusta, al menos a mí, quizás porque soy mujer. ¿Hubieran imaginado a esta asambleísta de prestigio, que usa públicamente el seudónimo de Libertadora, retirarse sin dar la lucha? Nunca. Me pregunto si ha sido usada en este pacto, acaso irrespetada, pero ella ha dicho al país que “en esta hora de la patria, los renunciamientos son necesarios”.

Renunciamientos que en cambio no han existido en el correísmo que en un episodio hasta risible, pretendió inscribir la precandidatura del expresidente Rafael Correa a través de un poder conferido a su hermana Pierina, y con su acompañamiento virtual desde Bélgica. La norma electoral, creada en 2012 en su gobierno, le ha jugado como un bumerán. Fue hecha para evitar la participación de Abdalá Bucaram y ahora evita su propia participación. Nunca digas nunca. Ocho años después de proponer y defender a ultranza la obligación de los precandidatos a concurrir de forma personalísima e indelegable para aceptar su candidatura, su ley es su condena. Nunca digas nunca jamás.