Columnas

El viejo país vive

Guillermo Lasso no acaba de inaugurar nada: acaba de reafirmar las conductas del viejo país que debemos derrotar...’.

El desenlace de la elección de las dignidades legislativas generó un aplauso mayoritario del ‘establishment’ que hace opinión en el país. La posibilidad del pacto entre la derecha -representada en los socialcristianos (PSC) y el partido de Gobierno (CREO)- y el populismo correísta causaba escozor porque se especulaba, sin datos sustentados, que implicaba desmontar los juicios que condenaron con cárcel a buena parte de la dirigencia que lidera Rafael Correa.

La segunda versión del Pacto de la Regalada Gana (aquel histórico acuerdo entre Abdalá Bucaram y el PSC para repartirse el entonces Congreso Nacional, en 1994) al final no se dio. Y muchos se dan por bien servidos, y hasta aplauden al presidente porque -intentaré resumir a los más devotos- “ha inaugurado una era marcada por la ética en la función pública”.

No hay tal.

De las declaraciones de Correa, Jaime Nebot, César Monge y Henry Kronfle se desprende que pacto hubo. Que ninguna de las partes le hizo caras feas a crear una Comisión de la Verdad -cuyos alcances reales nadie explicó- o que, si las hizo, no puntualizó sus reparos. Solo sabemos que CREO acordaba mientras Guillermo Lasso medía en silencio la reacción social, sobre todo del electorado que lo llevó a Carondelet. Al final se bajó de la camioneta y ya. Asunto arreglado. Pero subido estaba…

Nebot perdió, Correa ni tanto, ¿Lasso ganó? Que un presidente mida las consecuencias de sus actos está bien; que rectifique si es correcto hacerlo está mejor. Pero si cree que esos méritos alcanzan para inaugurar un nuevo modo de hacer política, está equivocado. Él y sus devotos. Lasso no acaba de inaugurar nada. Acaba de reafirmar las conductas del viejo país que debemos derrotar: la oscuridad informativa, el cálculo político simplista, la toma de decisiones basada en el clima social y no en la estrategia de estadista. ¿Por qué sigue sin decirnos, al detalle, la razón del pacto que alentó y luego desechó?

Sin transparencia, sin gobernar como si fuese el Poder un restorán que tiene la cocina a vista de sus clientes, la ética es apenas un adorno. Como lo era, y sigue siendo, en el viejo país.