Columnas

Perú Imposible

El Perú Posible de las promesas será el Perú Imposible de las realidades

A estas horas, posiblemente se ha oficializado el triunfo de uno de los dos finalistas en las elecciones presidenciales de Perú. Ninguno alcanzó el 20 % de los votantes en primera vuelta. Y los dos representan posturas que difícilmente amalgamen intereses verdaderamente colectivos.

Keiko Fujimori abandera a la derecha populista más rampante, heredera de un dictadorzuelo que saqueó las arcas fiscales durante una década. Pedro Castillo, quizás hoy ya presidente, es la cara visible de una izquierda dogmática, recicladora de un pensamiento stalinista que se creía muerto y enterrado.

¿Cómo podrá salir Perú de su peor crisis social, económica y emocional con un presidente que mira el futuro desde una postura que coarta la libertad?

Los peruanos han saltado de una banda ideológica a otra, no como si fuera un péndulo armonioso sino una licuadora descontrolada. Y en el camino las profundas grietas sociales se han agrandado: el país con el mayor índice de muertos en el mundo por la COVID-19, tiene a su vez la pavorosa cifra de que más del 30 % de los suyos vive bajo los umbrales de la pobreza. Y hay otra peor todavía: posee la mayor tasa de trabajo informal de la región: 75 %, según su Instituto Nacional de Estadística. Y con una institucionalidad tan lesionada que permitió 4 presidentes en 3 años, y otros tantos presos o procesados.

Un panorama así asusta. ¿Podrá revertirlo un nuevo presidente al que ni siquiera 1 de cada 5 peruanos lo escogió como su verdadera opción? Su reto será enorme. ¿Cuál es? “Esto no es, como se entiende desde Lima, ‘incluir al resto’, sino achicar las brechas que nos separan en este país tan diverso”, dice Paolo Sosa, politólogo y miembro del Instituto de Estudios Peruanos.

Pero Castillo, el profesor que a todo responde con “lo importante es el pueblo”, es un audaz advenedizo que no ha concretado durante su campaña ni una sola propuesta para reducir las brechas. Y ya se sabe: en cuanto uno pregunta a los políticos “¿cómo lo hará?”, eso que en las palabras demagógicas es posible, en la práctica es nada. El Perú Posible de las promesas será el Perú Imposible de las realidades.