Columnas

Se necesita ‘Otto’ candidato

"Ese votante que ni en sueños veraneará en Miami, recordará que Otto fue parte de un gobierno corrupto, inhumano e incapaz"

Hay una porción de votantes, sobre todo en Guayaquil, que está feliz. “Ya tenemos candidato”, dicen mis amigos que antes de la pandemia veraneaban en Miami. Y que cuando esta acabe, también.

La renuncia de Otto Sonneholzner a la vicepresidencia de la República, para lanzarse al ruedo electoral 2021, les ha puesto ancha la sonrisa, más ahora que Jaime Nebot echó el bigote al monte. Cuentan con puntos a su favor: él abarca la franja de votantes que tienen de 16 a 40 años, que por primera vez será la mayoritaria: no es que votarán por él solo por eso, pero es obvio que está más cerca de ellos. Y los madera de guerrero se harán astilla con tal de apoyarlo.

Además, Otto habla -digamos- con puntos y con comas. No se atropella, no gaguea, no dice cantinfladas. Ha demostrado ser honesto y sencillo. Y una parte de Guayaquil, cuando la parca nos robaba los amigos, los sueños y las ganas, lo vio frentear a la pandemia. “Nadie lo hizo como él”. Aunque no era nada extraordinario: cualquiera con dos dedos de frente y una miga de empatía habría hecho lo mismo. ¿Cualquiera? Nuestros políticos, los que nosotros elegimos, suelen no tener lo uno ni lo otro. Así de mal los hemos escogido.

Y es ahí donde Otto empieza a hacer aguas: una pandemia atroz como la que vivimos requería más, mucho más que dos dedos de frente y una miga de empatía. Precisaba una mezcla de Hércules con Teresa de Calcuta.

¿Otto pudo serlo? No lo sé. Solo sé que no lo fue. Repartir kits y arremangarse la camisa no lo hace un candidato. ¿Cuál es su mérito? ¿Cuál? Y presiento que un electorado cansado, agobiado y visceral, votará con el recuerdo de la tragedia en sus bolsillos. Y en su alma.

Ese votante que ni en sueños veraneará en Miami, recordará que Otto fue parte de un gobierno incapaz, inhumano, corrupto hasta el hartazgo. Y que no impidió que le robaran las mascarillas, el oxígeno y hasta los cuerpos de sus muertos. Que él no haya robado importa, por supuesto, pero poco en este caso: se fue en el mes 19, no cuando debía.

Esa porción de veraneantes en Miami puede estar feliz. Pero no la sociedad aún postergada: ella necesita de otro candidato.