Columnas

Ese lujo llamado austeridad

Es una cuestión de principios, de coherencia. Que lo único que debemos derrochar por estos tiempos se llama austeridad

¿Por qué un funcionario público debe trasladarse en un vehículo de lujo? ¿Qué necesidad vital tienen un director o un asesor para que se movilicen en carros que pagamos todos, choferes incluidos? Y para dar datos concretos: ¿cómo un país devastado económicamente puede tener flotas de Mercedes Benz y BMW, incluso limosinas, entre ellas una Cadillac para uso de la Cancillería?

El presidente Lasso acaba de ordenar la suspensión de seguridad a los hijos de expresidentes y exvicepresidentes. Hace muy bien. Pero el gesto es chiquito si elabora la lista de derroches que la burocracia dorada acostumbra a ejecutar; sus beneficiarios se convencieron de que sus cargos merecen muchas comodidades y nunca nos han dicho en qué las justifican. En serio pregunto: ¿por qué un viceministro no puede ir al trabajo en su carro? ¿O en taxi, si no le apetece manejar? ¿Por qué hay un ejército de asesores, conserjes, auxiliares, asistentes a su disposición? ¿Saben lo que hace el chofer del señor ministro mientras el señor ministro despacha 8 horas en su oficina?... ¡Exacto: nada!

29 mil vehículos tenía el Estado, según el último reporte que sigue sin ser actualizado. Acostumbrados como están a la opacidad, los burócratas esperan una acción ciudadana para dar información que debe ser pública. Se entiende que les cueste hacerlo, y me explico con un dato: en un mismo día se iniciaron 11 procesos de contratación pública para comprar las llantas… de un vehículo. Una auditoría a fondo del modo en que se maneja ese parque automotor, y de quiénes lo disfrutan, augura abrir una Caja de Pandora.

Pepe Mujica, el gran expresidente uruguayo, se negó a los lujos: vivía en su modesta huerta, se desprendió de la seguridad presidencial, le gustaba manejar su viejo escarabajo Volkswagen del año ‘87. ¿Y por qué no? Vuelvo a preguntar: ¿cuántos de los lujos que engalanan a la burocracia dorada son realmente im-pres-cin-di-bles? Y no me salgan con que eliminarlos solo ahorraría unos milloncitos en el presupuesto. Es una cuestión de principios, de coherencia. Que lo único que debemos derrochar por estos tiempos se llama austeridad.