Columnas

Defender el legado

"Hay que ajustarse los cinturones, decían mis abuelos. El tema es que a ciertos trabajadores los podrían dejar sin el cinturón"

¿Cuál es la finalidad sustancial de una ley? Procurar el bien común y la justicia. Sin esos imperativos, una ley puede ser dictada por la autoridad competente pero carecer de legitimidad moral. Eso pasa con una parte sustancial de la Ley Humanitaria publicada esta semana.

Es verdad que necesitamos enfrentar una realidad que nos atropelló salvajemente. Y que ningún político o empresario es culpable del virus que nos devasta. Pero tampoco lo es ningún trabajador.

Entender que hay que adecuarse a las actuales carencias es ineludible. Y para eso se han creado normas, duras pero necesarias, que permiten el fuerte recorte de horarios y la reducción de salarios. “Hay que ajustarse los cinturones”, decían mis abuelos. El tema es que a ciertos trabajadores los podrían dejar sin el cinturón...

El art. 19, que permite celebrar nuevos contratos emergentes, está perfectamente justificado en quienes deseen emprender pese a la severa crisis, pues necesitarán trabajadores que comprendan la necesidad de recortes y sacrificios. Ese mecanismo, sin embargo, puede ser peligroso para empleados a los que se ‘invite’ a renunciar con la promesa de mantenerlos en nómina, pero ahora con un breve contrato emergente que podría terminarse en cualquier momento. ¿Qué pasa con la indemnización que hubieran recibido por un despido? ¿Y con su estabilidad?

La ley no aclara esa incongruencia, que raya en la injusticia. Y podría darse, pues la relación patrono-empleado es, hoy más que ayer, una relación de poder. ¿Hace falta aclarar cuál es la parte débil?

Por si se da, recordemos cuál debe ser la esencia de una ley: bien común y justicia. Nada más, nada menos. Y también honremos a los que nos legaron las conquistas laborales. “¿Por qué tu no trabajas 14 horas al día? Tus abuelos y bisabuelos sí lo hicieron. Y hubo chicos colgados para que hoy tú trabajes 8 horas”, decía Studs Terkel, antropólogo, para graficar que nuestros derechos se asientan siempre en viejas luchas.

Habrá que dar una más, porque los asambleístas hicieron la ley… y la trampa. Habrá que darla, aunque solo sea para defender el legado de nuestros abuelos.