Columnas

Correa será EL candidato

"El nombre del candidato que escoja ese genio del ático será solo un detalle. El candidato será él. Serán sus obras, sus complejos, sus derroches"

Ella no habla. Parece un maniquí manejado a control remoto, como un dron. Camina despacio, a cámara lenta, cuidando cada paso, la sonrisa fabricada, el abrazo de ocasión, el gesto a contraluz. Las imágenes pasan mientras una voz masculina melosa recita una letanía sobre sueños y nostalgias. El video es una muestra del poder seductor de una propaganda bien hecha, estudiada. La propaganda, ya se sabe, es una verdad a medias. O una mentira disfrazada.

Ella es Marcela Aguiñaga, la exministra de la Revolución Ciudadana. Él es Rafael Correa, el líder total de ese proceso que marcó a fuego nuestra reciente historia. Quieren volver y tienen derecho de intentarlo. La ruta está trazada.

No será ella la candidata, ni aunque sea la designada. No será nadie de los 20 que se mueren de ganas de ser elegidos, luchando codo a codo, tuit a tuit, para que el líder máximo los vea y los señale. El candidato en el fondo será él. Y tiene chances.

Mientras la derecha anda perdida porque, lo diré de nuevo, el dos veces perdedor echó el bigote al monte, y lanza globitos de ensayo porque no les gusta el candidato banquero, y la izquierda seudointelectual quiteña hace pucheros porque no hay un candidato que los represente, el político más brillante del último medio siglo hace números desde un ático en Bélgica. Tiene un jefe de campaña eficaz, que despacha en Carondelet. Mientras más se deteriore un gobierno que ya ni merece adjetivos, más crece la opción de los desposeídos de la patria. Ellos no votarán con el recuerdo de la corrupción desbocada de un gobierno derrochador y cínico, el de la Revolución Ciudadana, sino con el de uno que los vio, los entendió y los representó como nadie nunca antes. Los que no sienten la tragedia de ser pobres, jamás entenderán que esa paradoja es cierta: la Revolución Ciudadana fue todo eso y nada ni nadie, perdón por mi plagio descarado, parece que la podrá detener.

El nombre del candidato que escoja ese genio del ático será solo un detalle. El candidato será él. Serán sus obras, sus complejos, sus derroches. Su pasión, su voluntad, su fe. Y la fe, ya se sabe, es creer sin tener razones.