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Diario Expreso Ecuador

Bukele, ese falso valor…

Bukele dice no amar al poder, pero impondrá su candidatura a la reelección… que está prohibida en el art. 152 de su Constitución...

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Opinar críticamente sobre Nayib Bukele hoy es muy impopular en América Latina. Según Gallup, es el presidente mejor valorado de la región: tiene el 90% de respaldo. Y dos de cada tres latinos lo querrían ver como “su” presidente. Es el Bad Bunny de los ‘presis’.

Bukele es un capo: hijo de la publicidad, aprendió desde joven sus mañas, ese tufo a verdad maquillada que es su esencia. Y entonces hizo de su mandato una gran cuña comercial. Su eficaz cruzada contra grupos criminales le dio un aura de héroe. Y él la difunde con pasión de devoto y recursos de TikTok. Sus videos muestran grandes cárceles, pulcras y seguras, donde se achicharran legiones de pandilleros semidesnudos y tatuados hasta en el fundillo. Es Dios encerrando a los diablos para que se pudran en las mazmorras del infierno. Básico, pero efectivo.

Solo que el héroe tiene pies de barro y alma de dictador. Para lograr seguridad, cooptó la Justicia y militarizó al Congreso. Redujo libertades, violentó procesos. Los detenidos sin fórmula de juicio ya suman miles. ¿Y si son inocentes? Poco importa: cuando alguien hace el bien comete errores, ¿verdad? Para Bukele, si tienes cara de culpable, lo eres. Mañana encarcelará opositores que lo miren mal.

Bukele censura contenidos que le disgustan y dice no amar al poder, pero impondrá su candidatura a la reelección… que está prohibida en el art. 152 de su Constitución, ¡y en cinco normas más!, por las dudas. Y salvo en seguridad, las cifras salvadoreñas son tristes: más de la mitad sigue viviendo en la pobreza y su tasa de desempleo es la más alta en una década. También allí la mayoría de jóvenes quiere irse…

Pero sus logros en homicidios y robos son espectaculares: los más bajos en treinta años. Es muy difícil criticar el apoyo de salvadoreños a su presidente; el problema es el precio que se paga. Apoyarlo es quitarse la máscara de demócrata y asumir que es normal, y ético, resolver un problema creando otros, violando derechos, eternizándose en el poder.

Cuando Bukele imponga esta semana su candidatura mostrará el verdadero costo de su triunfo temporal: será dejar sin riendas a un dictador.

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