La naturaleza no tiene derechos

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La naturaleza no tiene derechos

El ser humano es el único en el mundo que puede atribuirse derechos. Ningún otro ser vivo, ni los animales, peor el aire, los mares y su entorno “tienen ni pueden atribuirse derechos”. El ser beneficiario o receptor de un derecho implica un deber, esto es, que debe responder por sus actos. Esto se denomina Sentido de responsabilidad. Todos los humanos racionales podemos y tenemos el deber, la obligación de proteger, cuidar a la naturaleza y a los animales. Y es nuestro deber cuidar, proteger y educar a nuestros hijos. No existe derecho sin deber correlativo. “Lo glorioso de la raza humana es que cada persona es única. Completamente individualizada”. Ni los animales, peor la naturaleza pueden ejercer ni tienen “derechos”. No pueden cumplir deberes u obligaciones: Murray n. Rothbard, estadounidense (1926-1995). Carecen de raciocinio, voluntad y capacidad de comprensión. Solo los seres humanos debemos y tenemos que cuidar del entorno, de la naturaleza, animales incluidos, de su conservación, pues ello es nuestro beneficio. La naturaleza no tiene derechos. Tampoco los animales. Por ello la economía es propia de los humanos. Vive con su ingenio de su entorno. Solo el interviene y entiende la economía, el derecho, las ciencias físicas, biológicas y exactas. La microeconomía permite los intercambios que le generan beneficios y alimentos. La macroeconomía carece de conexión real entre el corto y el largo plazo. Ludwig Mises (austriaco-americano, 1881-1973) define la moneda como una mercancía que demandamos no para consumo directo, sino para intercambiar por otras mercancías que demandamos directamente para consumir. Hace una definición universal, de la relación intersubjetiva que llamamos cambio indirecto. De la evolución del intercambio surgió una relación que se institucionalizó como dinero. Gabriel Zanotti (argentino, 1960) aclara que no es lo mismo la moneda en la antigua Roma y en el Washington actual. Ludwig Mises define la moneda como una mercancía que demandamos no para consumir, sino para intercambiar por otras mercancías que demandamos para consumir.