Columnas

La justicia social

Es antijurídico e incongruente confundir derecho con deber. El ser beneficiario o receptor de un derecho implica, necesariamente, un deber, esto es, que debe responder por sus actos

En el siglo XX grupos políticos (marxistas, teólogos de la liberación, filósofos, tecnócratas y economistas) promovieron, con decisiones fantasiosas de gobernantes y políticos, justificar los capitalismos de Estado y las dictaduras. Eso de izquierda y derecha es copia obsoleta de la Revolución francesa (1789). La justicia social imita, cual una caricatura, a la justicia cristiana. Pretenden manipular la conducta humana. No es justicia ni es social. Hay otros valores humanos superiores que los gobiernos no pueden garantizar a través de leyes, ni obligar a ejercer o cumplirlos. Es el hombre o grupos particulares dedicados a fomentar valores y acciones de solidaridad, caritativas y de amor. Imposible obligar a un rico o a un pobre a ser caritativo o a que acepte el amor a quien le falte. Esto no se logra con el derecho positivo, la coerción o coacción de gobiernos. La humildad, la caridad, el amor, la amistad, la gratitud, la generosidad y la solidaridad son imposibles de imponer por la justicia social. Es burdo pretender que gobiernos, políticos o filósofos atiendan problemas vivenciales del ser humano. El ser humano es el único ser vivo en el mundo que puede atribuirse derechos. Ningún otro ser vivo, ni los animales o la naturaleza tienen ni pueden atribuirse derechos o peor otorgárseles derechos. No pueden cumplir deberes u obligaciones. Carecen de raciocinio, voluntad y capacidad de comprensión.

Es antijurídico e incongruente confundir derecho con deber. El ser beneficiario o receptor de un derecho implica, necesariamente, un deber, esto es, que debe responder por sus actos. Es sentido de responsabilidad. Solo los seres humanos racionales tenemos derecho y por tanto el deber, la responsabilidad, la obligación de proteger, cuidar la naturaleza y a los animales, pues su conservación redunda en nuestro beneficio.

“Lo glorioso de la raza humana es que cada persona es única, aunque similar de muchas formas a otros, posee una personalidad propia completamente individualizada”. “Establece la diferencia entre un Estado constitucional democrático y un Estado arbitrario autocrático”. (Murray N. Rothbard: El Bronx, 1926-1995)