Columnas

Señora Atama “in”

Y un bribón prófugo de la justicia no tiene derecho a aspirar a presidir un país de gente decente.

Como nadie se lo dice, lo hago yo: el revoltillo de reglamentos que se ha sacado usted de la manga para pasarse por el Arco del Triunfo la democracia de este país se estrella contra la infranqueable pared constitucional. La Constitución dispone: “Art. 113.- No podrán ser candidatas o candidatos de elección popular: […] 2. Quienes hayan recibido sentencia condenatoria ejecutoriada por delitos sancionados con reclusión, o por cohecho […]. Correa fue condenado por cohecho. Jamás podría ser candidato. O candidata, como él se autoperciba. Porque candidato es la “persona que pretende algo, especialmente un cargo, premio o distinción”. (RAE). La persona Correa no podía pretender siquiera el cargo presidencial porque está prohibido. Como es evidente, hay una imposibilidad de rango constitucional, no reglamentaria. Y como casi todos (menos usted) sabemos: “Las normas… deberán mantener conformidad con las disposiciones constitucionales; en caso contrario carecerán de eficacia jurídica” (art. 424 Constitución).

Carecer de eficacia es no producir efectos. Si sus reglamentos se oponen a la Constitución, es como si no existieran. Además, el Código de la Antidemocracia dispone que “solo podrán ser cambiados los candidatos que fueron rechazados por la autoridad electoral” (art. 104) Como el convicto jamás fue candidato, el señor Rabascall no puede reemplazarlo.

Y el mismo art. 104 dispone que “la nueva lista […] deberá ser presentada en el plazo de veinte y cuatro horas”. Entonces, debieron inscribir el reemplazo al día siguiente del “tablet show”. De ahí que la lista de Mr. Andy no pueda inscribir otro candidato: 1. Porque nunca hubo un candidato que reemplazar; 2. Porque si lo hubiese habido, el plazo para reemplazarlo feneció.

Pero al margen del tenor literal de las normas, hay otros aspectos de fondo: un funcionario público no puede actuar en contra de la Constitución. Si de verdad existiera legislatura, usted sería destituida. Y un bribón prófugo de la justicia no tiene derecho a aspirar a presidir un país de gente decente.

Algunos queremos pensar que todavía lo somos.