Adiós, Cachita

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Adiós, Cachita

En los lejanos tiempos en que aún se leía, mi sección favorita en la revista Selecciones era ‘Mi personaje inolvidable’. Ese eres tú, Cacha.

“Madre solo hay una”, reza la sabiduría popular. Tuve la suerte de tener dos. Y también la desgracia de perder a ambas. La primera... hace una eternidad. La segunda, hace muy poco... pero es ya una eternidad. Y no pude despedirme de ella. Abusando de su bondad, voy a hacerlo hoy:

En los lejanos tiempos en que aún se leía, mi sección favorita en la revista Selecciones era ‘Mi personaje inolvidable’. Ese eres tú, Cacha. Y la forma de explicar por qué se encuentra en las estrofas de aquel poema que tantas veces te escuché recitar. Porque así nos deja tu inesperada partida:

“Viendo a Garrik, actor de la Inglaterra/el pueblo al aplaudirle le decía:/Eres el más gracioso de la tierra/y el más feliz.../Y el cómico reía/Una vez, ante un médico famoso/llegóse un hombre de mirar sombrío/— Sufro — le dijo— , un mal tan espantoso/como esta palidez del rostro mío/ — Me deja — agrega el médico— perplejo/vuestro mal y no debo acobardaros/Tomad hoy por receta este consejo/sólo viendo a Garrik podréis curaros/ — ¿A Garrik?/— Sí, a Garrik... La más remisa/ y austera sociedad le busca ansiosa/todo aquel que lo ve, muere de risa:/ tiene una gracia artística asombrosa/— ¿Y a mí, me hará reír?/— ¡Ah!, sí, os lo juro/él sí y nadie más que él; mas... ¿qué os inquieta?/— Así — dijo el enfermo— no me curo/¡Yo soy Garrik!... Cambiadme la receta.

El carnaval del mundo engaña tanto/que las vidas son breves mascaradas/aquí aprendemos a reír con llanto/y también a llorar con carcajadas”.

Pero estos versos también ilustran muy bien lo que no fuiste. Sería injusto recordarte como alguien triste. Por el contrario, tu imperecedero legado es tu alegría vital. Tu sola existencia y tu fuerza interior fueron un canto a la vida. Es que... pasaste por ella fumando, sonriendo y cantando. Y yo tuve la suerte de cantar contigo. Muchas veces. Por eso, Cheche, Mama-Mama y tú son mi referente de vida. Su cariño, su profunda sabiduría y sus consejos me acompañarán hasta el día ulterior que suceda a mi agonía. Hasta tanto... solo los extrañaré. Mucho. Ya nos veremos. Y volveremos a cantar tangos... los cinco juntos otra vez.

Adiós, Cachita.