Lasso al otro lado del abismo

  Columnas

Lasso al otro lado del abismo

Su decisión -escribió Alexandra Vela en su carta de renuncia- avanza por un camino que no considero el más adecuado para salvaguardar la democracia’.

El informe sobre el caso Petrochina, que documenta la trama de corrupción que le costó 5 mil millones de dólares al país por concepto de intermediación petrolera, estuvo a un pelo de ir a parar al cajón del olvido en la Asamblea Nacional. El presidente de la Comisión de Fiscalización, Fernando Villavicencio, tuvo que recurrir a su facultad de voto dirimente para salvarlo. Él y otros tres independientes votaron a favor; se abstuvo la socialcristiana Soledad Diab, funcional al correísmo como siempre; votaron en contra los tres correístas, claro, y… ¡el asambleísta de gobierno Heinz Linares! No se entiende: un día el presidente Guillermo Lasso se indigna hasta la ronquera porque un puñado de pachakutiks peseteros le piden carguitos y plata de bolsillo a cambio de sus votos y a semana seguida su partido vota por enterrar un robo de 5 mil millones. Que se sepa, nadie ha salido a dar explicaciones, lo cual no es extraño: Lasso lleva semanas tomándonos por pendejos.

Ya no explica nada el presidente. Entre su denuncia de la corrupción en la Asamblea y la votación del expediente Petrochina en la mesa de Fiscalización ocurrió algo que no cuenta. Entre la decisión (ya tomada, según se supo) de ir a la muerte cruzada y su claudicación ante las fuerzas que conspiran contra él hubo un golpe de timón de 180 grados. Entre Alexandra Vela, incapaz de ceder ante las mafias políticas que buscan impunidad para sus presos y sus prófugos, y su sucesor en el Ministerio de Gobierno Francisco Jiménez, que ya fue funcionario de esas mafias y lleva un año pidiendo a gritos pactar con ellas, parece claro que el presidente sorteó un abismo ético y político del que tristemente cree que no hace falta rendir cuentas.

“Su decisión -escribió Alexandra Vela en su emotiva carta de renuncia- avanza por un camino que no considero el más adecuado para salvaguardar la democracia y el desarrollo del Ecuador”. Para que la entiendan los buenos entendedores. ¿Qué decisión puede ser esa? Párrafos más arriba, lamentaba “la imposibilidad de un acuerdo parlamentario con fuerzas políticas que antepongan el bien común, alejadas del populismo y la búsqueda de la impunidad”. ¿Y por qué tal acuerdo es una imposibilidad? Es obvio: porque no existen en el parlamento fuerzas políticas alejadas del populismo y la búsqueda de impunidad. Luego la decisión que Alexandra Vela considera inadecuada para “salvaguardar la democracia” solo puede ser una: un acuerdo con los populistas que buscan la impunidad.

Ante la perspectiva de la muerte cruzada, una herramienta para dinamitar el sistema que entraña el riesgo de perder la Presidencia, Lasso eligió conservar el poder y dejar las cosas como están. Como si su permanencia en Carondelet fuera un valor en sí mismo. No lo es. No, especialmente, si hay un acuerdo de impunidad de por medio. Ahora lo vemos jugar con el ridículo señuelo de que no le importa lo que ocurra en la Asamblea. Más bien cabe imaginar al ministro Jiménez negociando cosas de las que el presidente prefiere no enterarse, para no tener que llevarlas al confesionario. En fin, una vergüenza.