Columnas

Un demócrata en dos tiempos

"Para el correísmo, la democracia es un sistema extremadamente útil y virtuoso para conquistar el poder, pero una molestia a la hora de ejercerlo"

Carondelet
"¿Es posible anular una sentencia ejecutoriada? Si el candidato correísta llegara a Carondelet sería posible todo".Archivo / EXPRESO

Al candidato correísta hay que agradecerle su sinceridad. Sabemos, por ejemplo, por su propia boca, que si él llegara a Carondelet los jueces exculparían a Rafael Correa para permitirle volver al país a ocupar el puesto de asesor en jefe que se le tiene reservado: presidente en la sombra, propiamente dicho. ¿Es posible anular una sentencia ejecutoriada? Si el candidato correísta llegara a Carondelet sería posible todo. Su proyecto político, que conocemos bien por haberlo padecido durante diez años, se construye sobre la idea de la no independencia de poderes: el jefe de Estado es jefe del Poder Ejecutivo, del Legislativo y del Judicial, teorizó en su momento el máximo líder: él manda y los demás obedecen. Así fue en su decenio.

Si el correísmo llegara a ocupar nuevamente la Presidencia de la República haría, desde el día uno, todo lo que fuera necesario para eternizarse en ella. A este respecto Andrés Arauz fue muy claro y muy sincero cuando le preguntaron en Ecuavisa si tenía intenciones de restituir en la Constitución el concepto de reelección indefinida (una pregunta que solo es pertinente planteársela al candidato correísta, no a otro, porque solo un presidente correísta haría con la Constitución lo que le viniera en gana). “Este es un asunto que no hemos abordado -respondió Arauz-, pero lo que sí creemos es que el pueblo ecuatoriano no debe gobernar solamente cuatro años. El pueblo ecuatoriano que recuperará el poder de su soberanía, de su futuro, el 24 de mayo, aspiramos a que pueda estar en el gobierno 20, 50 años”.

El pueblo ecuatoriano, o sea yo: eso está diciendo Andrés Arauz con toda la jeta del mundo. Se supone que “el pueblo ecuatoriano”, en estas elecciones, bien podría elegir a cualquier otro. A Guillermo Lasso, por ejemplo. Si el pueblo ecuatoriano eligiera a Lasso, ¿no sería el gobierno de Lasso un gobierno del pueblo ecuatoriano? En consecuencia, ¿debería Lasso, en caso de ser electo, quedarse en el poder “20, 50 años”? No: esto solo cuenta para los correístas. El concepto de democracia de Andrés Arauz y los suyos es de lo más curioso. Supone que gobierno del pueblo no es cualquiera que elija el pueblo. Gobierno del pueblo es el gobierno de aquellos que tengan la suficiente superioridad moral para atribuirse su representación aun antes de ganar las elecciones. O sea ellos.

Estamos ante esa clase de izquierda que concibe a la democracia como un sistema burgués que debe ser corroído desde dentro. Un sistema en dos tiempos: extremadamente útil y virtuoso para conquistar el poder, pero una molestia a la hora de ejercerlo. Como oposición, el correísmo pedirá igualdad de condiciones en los procesos electorales y defenderá las instituciones de la democracia. Solo había que oír a Andrés Arauz en la rueda de prensa que ofreció ayer para desatar los fantasmas del fraude, quejarse de persecución y llenarse la boca con las palabras “institucionalidad democrática apegada a derecho”. Sin embargo, lo que proyecta hacer si llega al poder es no soltarlo, impartir órdenes a los jueces y mandar la “institucionalidad democrática apegada a derecho” por un caño. Ganar elecciones para abolir la independencia de las funciones del Estado, como ya hizo Correa, no es democracia: es servirse de los mecanismos de la democracia para acabar con ella. Acceder al poder para quedarse con él, como han hecho todos los regímenes de la historia que el correísmo admira y trata de emular, empezando por el castrismo y el chavismo, es el procedimiento de manual para establecer una dictadura.