Columnas

Ricardo Arques: Mando y tribunal único contra el crimen

Aunque tenga idéntico desenlace, no es lo mismo actuar por miedo que por prevaricación

Las circunstancias que rodean la detención de Elby Rolando Zúñiga, un prototipo del crimen organizado, alumbran necesidades imperiosas en la lucha contra la violencia. Para quien no sepa: Elby Rolando es un delincuente de alto vuelo, según la Policía, aliado de Los Tiguerones en la zona fronteriza de San Lorenzo. Lidera la banda El Cementerio, a la que atribuyen actividades de narcotráfico y acciones criminales de grueso calibre. En su currículum figuran varias detenciones más, pero ninguna consumada porque los jueces conmutaron la prisión preventiva por medidas sustitutivas, es decir, irse a casa y presentarse periódicamente en el juzgado, lo que, obviamente, nunca cumplió. Su captura la pasada semana tras una operación conjunta entre Policía y Fuerzas Armadas pone foco sobre tres cuestiones. Primera: la colaboración entre instituciones de la seguridad del Estado es necesaria como garantía de mayor éxito. Segunda: un ‘mando único’ contra el crimen organizado forzaría esa colaboración en todos los niveles y limitaría tentaciones de connivencia canalla entre funcionarios y cárteles. Tercera: no sabemos a qué espera la Asamblea Nacional para destrabar el proyecto de ley que implique de lleno a los militares contra esta lacra.

La detención evidencia también la recurrente actitud judicial de maquillar con medidas sustitutivas la libertad de peligrosos delincuentes que merecen encarcelamiento. Es parte del hartazgo popular, un argumento del correísmo para el juicio político contra la fiscal Diana Salazar, y el mismo presidente, Daniel Noboa, ha dicho, o ha querido advertir, que el Gobierno hará escarnio público de quien lo haga a partir de ahora. Resultaría un grave error meter a todos los jueces y fiscales en el mismo saco. Aunque tenga idéntico desenlace no es lo mismo actuar por miedo que por prevaricación, no es igual ceder ante la amenaza de muerte del capo que opera en tu mismo territorio que liberar a Jorge Glas, por ejemplo, beneficiado por un magistrado en las antípodas del proceso y de la jurisdicción. Cada caso es un caso. El miedo exime por ser una emoción incontrolable. La creación de tribunales únicos, independientes y centralizados para entender en exclusiva de materias especiales como el crimen organizado o el terrorismo ha dado muy buenos resultados en otros países amenazados también en su seguridad pública. Puede ser camino y herramienta para separar la paja del grano y conocer quién es quién en nuestra maltrecha Justicia.