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Diario Expreso Ecuador

 

(In)Dependencia judicial

Mientras tanto, la justicia sirve a los políticos, pero para los ciudadanos no hay papel o tóner para imprimir sentencias, ni jabón o papel higiénico en los baños, y hasta excrementos en dependencias judiciales.

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“Las decisiones judiciales deben respetarse”. Esa es la tradicional frase que, salida de la boca de un político, no es sino la expresión eufemística de “el fallo me gusta o me conviene”, porque, cuando no, el juez que lo ha proferido pasa a ser un desclasado y si, para su desgracia, esa decisión no gusta al poder que domina al Consejo de la Judicatura, que también debería ser independiente, ya sabemos la consecuencia: cesado con cualquier justificación, buena o mala; y, si es buena, solo la tomamos cuando nos conviene pues, mientras tanto, esa causa servirá de espada de Damocles.

Se llega al extremo de que el grupo que defendió la “metida de mano a la justicia” de su caudillo, tiene el tupé de criticar cualquier cosa que les parezca intromisión a la toma de decisiones judiciales. Y la ciudadanía no se queda atrás: critica hoy lo mismo que defendió ayer y viceversa. Se criticaba que los Consejos de la Judicatura presididos por Rodríguez y Jalkh eran la expresión del sometimiento de la justicia a Carondelet, pero no importa que los vocales Morillo y Barreno visiten a un juez provincial para decirle, de parte del presidente Lasso, que el fallo sobre la presidencia de la Asamblea debía ser favorable a Llori; ni importa que el jefe de Estado apoye que el encargado de la presidencia de la Judicatura, Murillo, siga en ese puesto, impidiéndose, a toda costa, la designación del presidente nato del órgano a través de la presidencia de la Corte Nacional.

Buscar juez para lograr fallos de garantías constitucionales, para Glas o Salcedo en Manglaralto, Santo Domingo o Paján, es tan criticable como que lo hagan, para conservar el encargo en la presidencia de la Judicatura en Babahoyo, al filo de la medianoche, o las vocalías del Consejo de Participación en La Concordia.

Mientras tanto, la justicia sirve a los políticos, pero para los ciudadanos no hay papel o tóner para imprimir sentencias, ni jabón o papel higiénico en los baños, y hasta excrementos en dependencias judiciales. Esto último no importa al Consejo de la Judicatura, sino estar al servicio del poder de turno.

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