El momento de la vergüenza

  Columnas

El momento de la vergüenza

En el balance histórico la Iglesia católica ha hecho y sigue haciendo muchísimo bien, y si en verdad queremos que esa Iglesia nos abrigue en la fe...

Con esas palabras se refirió su santidad Francisco a las revelaciones que se hicieran públicas acerca de los abusos sexuales a más de 300.000 niños, jóvenes y personas vulnerables desde 1950 por parte del clero francés. El informe, realizado por una comisión independiente, ha descubierto que en los últimos 70 años más de 3.000 religiosos y otros laicos cometieron actos que espantarían a Lucifer, precisamente con personas cuya condición las hacía incapaces de defenderse. Ciertamente el Papa ha impulsado investigaciones sobre este tipo de hechos desde el instante mismo de su nombramiento, lo cual es loable, especialmente en una institución que guarda procedimientos centenarios caducos sobre este tipo de problemas. Como católico estoy absolutamente convencido de que la mayoría de quienes componen la Iglesia católica está liberada de estos actos de sacrilegio, aun cuando los diferentes hechos que se han mostrado públicamente hacen concluir que aún persisten situaciones que destruyen lo más puro del ser humano: la inocencia. El informe evidencia una lesión grave sobre la institucionalidad y credibilidad de importantes acciones para difundir la doctrina católica, tanto como el fortalecimiento de la fe, pues muestra que no solo fueron clérigos quienes abusaron, sino también laicos catequistas o líderes de movimientos juveniles. El informe evidencia también la concurrencia del solapamiento de los actos y la búsqueda de su ocultamiento una vez conocido el cometimiento, para finalmente creer que el traslado del victimario evitaba futuros actos similares.

La Iglesia debe realizar cambios profundos que permitan prevenir conductas impropias, que quienes las perciban las denuncien sin temor, y que luego se las juzgue, y de ser el caso se las condene al interior, para luego dar lugar al sometimiento frente a la justicia ordinaria, como a cualquier malhechor.

En el balance histórico la Iglesia católica ha hecho y sigue haciendo muchísimo bien, y si en verdad queremos que esa Iglesia nos abrigue en la fe, debemos empujar y apoyar un cambio ya. No puede haber un solo niño abusado más.