Paul E. Palacios | Colombia anestesiada
La trampa de la Asamblea Constituyente que le ha tendido a quien salga elegido en 2026, será difícil de eludir
Lo ocurrido en Bolivia, Honduras y Chile, con el revés de la izquierda, es una lección que el extremismo no se puede permitir dejar de aprender. Las voces de esa tendencia fueron: eso les pasó por blandengues y no radicalizarse. Ojalá lo ocurrido con Maduro les haga ver que el crimen no paga.
El robo de las elecciones en Venezuela, el autoritarismo sin límites en Nicaragua, y el infierno de Cuba, envían la lección de temporal impunidad. Frente a ello, Petro va en la dirección de emular la receta del extremismo. Buscará a toda costa convocar a una Asamblea Constituyente y cambiar la Constitución. Ya en camino hacia un proceso electoral que, si fuera hoy, no le sería favorable, los adláteres del poder inscribieron el viernes 26 de diciembre el comité de recolección de firmas, con miras a convocarla.
Como ocurrió con Castro al jurar que no sería comunista, con Chávez al decir que habría alternabilidad, Petro prometió no cambiar la Constitución. Mienten, es su forma de conquistar a los indecisos que buscan un cambio no radical. No hay que engañarse, no es un movimiento para cohesionar a la izquierda, es la vía para perpetuarse en el poder. La receta es la misma: romper a las instituciones, ya descabezó a las Fuerzas Armadas; deteriorar a la Justicia, ya ha venido interviniendo en la Fiscalía y en el Poder Judicial; utilizar el poder para perseguir a la oposición, estimular el reverdecer de movimientos que ‘amenazan la paz’, tanto como fabricar enemigos externos. Es la receta que siempre aplican, y donde algunos pescados han picado el anzuelo.
Con la inmensidad de recursos que el poder ofrece y de fuentes que él conoce muy bien, la trampa de la Asamblea Constituyente que le ha tendido a quien salga elegido en 2026, será difícil de eludir, porque lo tendrá maniatado, si como se cree hoy, sería de la actual oposición.
A los colombianos, entre chistes, borracheras y ‘más’ de su presidente, les han aplicado una anestesia que los ha adormecido. El colombiano común, que siempre ha sido despierto, no se está dando cuenta de que lo llevan con una flauta al matadero de su libertad.