Columnas

Paúl Palacios: Milei no puede triunfar

Van a tratar como sea de boicotearlo, porque el colectivismo prefiere ver en la pobreza a la gente, antes que claudicar de sus teorías fracasadas

El pasado 19 de noviembre Javier Milei ganó la elección presidencial en Argentina; no la ganó de forma apretada, la ganó con más de 11% sobre su contendiente Sergio Massa.

Milei es un libertario de extrema derecha, y su victoria es tan disruptiva como fue la victoria de Salvador Allende en Chile en noviembre de 1970; en ese caso de extrema izquierda.

Argentina está destrozada, y dañada por décadas de populismo que terminaron con una de las economías más prósperas del mundo, y posiblemente la sociedad más educada de Latinoamérica, en su momento. Milei no puede ser exitoso; sería funesto para los líderes sindicales dorados y para todas las élites que lucraron de la pobreza que Milei logre sacar adelante al país. Sería un horror para la extrema izquierda que Milei llegue a bajar la inflación, mejorar los indicadores de empleo, atraer inversión extranjera, sacar a millones de argentinos de la pobreza y no quiera Dios, si llegara a dolarizar. No, eso sería un crimen de lesa economía.

Es que demostrar que alguien que se pintó tal y como era, que tiene ideas diferentes que han permitido a otras economías superar sus problemas, termine demostrándoles que es posible la prosperidad por un camino diferente al del colectivismo; eso es inadmisible. Bueno, con más de un siglo de fracasos en todos lados, excepto para sus jerarcas, el colectivismo ha mostrado ser nefasto, pero algunos siguen teniéndole fe.

Milei no puede triunfar, porque su triunfo sería un dominó nefasto, así que habrá que hacer lo que fuere para impedirlo.

En lo local, se provocarán manifestaciones en las calles, violencia en las prisiones, brazos caídos en los ministerios y empresas públicas, y si es necesario, pactar con el crimen organizado para proyectar una sensación de violencia y malestar. ¿Les suena conocida la receta?

En lo internacional, buscarán cerrarle el acceso a los foros, obstruir los acuerdos comerciales, aunque eso les afecte a sus propios nacionales, y armar una campaña sostenida de boicot.

Podemos estar en desacuerdo con algunos de sus puntos y con algunas de sus formas, pero ¡la libertad avanza!