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Paúl Palacios: El Mensaje a García

Avatar del Paúl Palacios

De las historias más edificantes que nos muestran una lección de hacer lo que se debe frente a cualquier circunstancia

Cuando una persona se integra a trabajar conmigo, bajo mi coordinación directa, al darle la bienvenida le entrego para su lectura un pequeño folleto. Le pido que lo ‘lea bien’, porque lo que está escrito ahí espero de ella. Creo que la vida es así; uno no puede desprenderse de cómo fue tratado en su niñez, y lo proyecta en la vida.

Debo haber tenido unos 8 o 9 años cuando mi papá me habló por primera vez sobre el capitán Rowan, el presidente McKinley y el general García. Seguro ustedes saben la historia, pero brevemente la recuerdo.

Cuando se produjo la guerra entre España y Estados Unidos que generó a la postre la independencia de Cuba, el insurgente general García combatía en las selvas del interior. El presidente McKinley debía hacerle llegar una carta donde le aseguraba el apoyo de su país. ¿Cómo hacerlo a miles de kilómetros, sin una localización exacta y en medio de una guerra? Alguien le sugirió al presidente el nombre del capitán Rowan como la persona idónea. Fue llamado a la Casa Blanca, el presidente le instruyó llevar el sobre y entregárselo en las manos de García, sin más indicaciones. Rowan lo tomó, se despidió y salió de la sala sin decir una palabra más. Unos días después la misión se había cumplido.

El capitán no preguntó dónde estaba García, si llevaba ‘detán para los mosquitos’, en qué barco se iba, quién lo escoltaría, o dónde conseguía comida. Se las arregló y cumplió su misión. Así transcurrió mi vida con mi padre: me daba una instrucción seguida de ‘Mensaje a García’. Pobre de mí que pregunte por facilidades para cumplir la orden o regrese sin cumplir lo dispuesto.

El tiempo ha pasado y mis hijos tienen que aguantarme más o menos con el mismo cantar, aunque en su beneficio tienen teléfonos con Google, que no es cosa menor.

Mis colaboradores a veces me miran con caras de ¿y ahora cómo hago? Siempre he creído que la vida es como un tren, donde uno escoge ser vagón o locomotora. En nuestras vidas personal y pública, en nuestro trabajo cotidiano, con las personas que lideramos, siempre tenemos un ‘Mensaje a García’. ¿Lo estamos llevando sin pretextos?